Narra Anya.
Han pasado tres semanas y Cris no se ha comunicado conmigo, yo lo he intentado, pero nada, espero que este ocupado y no se haya olvidado de mí. No, no y no, él no podría hacerme algo así, nos amamos.
– Hija ¿ya estás lista? – dice mi madre entrando a mi habitación.
– Si ma. – digo en medio de un suspiro. Hoy tengo una comida con mi “prometido” no quisiera ir, pero “negocios son negocios”
– Bien. Dónovan ya te está esperando. – salimos de la habitación y bajamos por las escaleras. Y lo veo sentado en uno de los sillones de la sala de estar, y debo admitir que se ve guapísimo. Con unos jeans de mezclilla deslavados, una camisa blanca, zapatos negros, su cabello un poco alborotado y su típica barba. Se ve tan sexy. (¡Cállate!) me recrimina mi conciencia.
– Anya, estás bellísima. – dice con una linda sonrisa.
– Gracias. – digo un poco apenada.
– ¿nos vamos? – pregunta y yo asiento.
– Cuídala mucho. – le advierte mi padre y Dónovan asiente con su sexy sonrisa.
Salimos de la casa y nos subimos al su carro y comenzó a manejar. Después de media hora llegamos a un hermoso restaurante con una vista a Central Park. Me ayuda a bajar.
– Que caballeroso. – digo sorprendida.
– Eso no es nada, mi vida. – no sé por qué eso me hizo sentir diferente.
Entramos al restaurante y una mujer muy guapa nos recibe, pero no deja de comerse con la mirada a mi prometido, carraspeo de una forma molesta y la idiota me mira de mala gana y por inercia lo tomo del brazo y siento como se sorprende un poco, era obvio que no se lo esperaba y menos de mí.
La mujer nos guía hasta nuestra mesa y nos entrega las cartas del menú.
– ¿Celosa? – dice sin mirarme y frunzo el ceño.
– ¿Disculpa? – digo sin comprender su pregunta.
– Admítelo mi vida. – deja el menú y me mira de forma coqueta.
– No sé de qué demonios hablas. – me hago la molesta.
– ¡Ay por favor! ¿De qué otra manera tomarías mi brazo? – dice entre risas, y me encanta… ¡Anya! – me regaña mi conciencia.
– Estás loco. – digo evadiendo el tema.
– Pero por ti. – lo miro y me guiña un ojo. ¡Dios! ¿Cómo pueden existir personas así?
– ¿Dónovan? – se acerca una rubia a nuestra mesa. Es alta, de cuerpazo de infarto, lleva un vestido rojo pegado a su cuerpo, y maquillaje un poco exagerado.
– ¿Claudia? – la mira un poco confundido.
– Hola, mi amor. – él se levanta de su silla y se abrazan. Tiene que ser una broma.
– ¿Cómo has estado? – dice él con alegría.
– Bien, acordándome de ti. – esa tal Clara o como se llame no deja su mano. Así que carraspeo un poco llamando su atención. La tipa me mira con mala cara y le sonrío falsamente.
– ¿Quién eres? – dice pasando su brazo por la cintura de mi prometido.
– Ella es Anya, mi pr… - lo interrumpo antes de que diga “prometida” se supone que no quiere que nadie se entere de esto y no es mala idea.
– Soy su nueva asistente. – digo y me mira sorprendido.
– Ya veo. Mi amor, a ver cuándo nos vemos, te he extrañado. – dice con coquetería y él está un poco nervioso y yo no sé si reírme o molestarme.
– Yo he estado con mucho trabajo, pero en cuanto pueda te llamo. – yo espero que no lo haga. La tipa le da un beso en la comisura de sus labios y se va.
– ¡Vaya! Ahora entiendo por qué no quieres que nadie se entere de este “compromiso” – digo y el frunce el ceño.
– Claro que, si quiero, pero todo a su tiempo. – dice seriamente
– Pues no lo parece, porque si no tus fans van a llorar. – digo con una sonrisa burlona y un toque de sarcasmo.
– Anya ya deja tus celos. – no dice más y comenzamos a cenar. ¡ja! Mis celos, como no.
Después de la cena, fuimos a caminar un rato por Central Park, el caminaba a 4 pasos delante de mí, y es mejor así, necesito pensar un rato, yo amo a Cristóbal, y deseo estar con él, en los tres años que llevamos viviendo acá, nos hemos distanciado mucho y eso no está bien, con quien debería de casarme es con mi novio y no con Dónovan, pero parece que el destino se burla de mí.
– Quiero irme a casa. – digo con seriedad, él se detiene y se gira para mirarme.
– ¿Tan pronto? – me mira sin entender, pero a decir verdad necesito ver a Cris, lo extraño.
– Por favor. – no insiste y así lo hace.
Al llegar, le doy las buenas noches, pero antes de que baje del carro, me da un beso en la mejilla, la verdad si me sorprendió. Bajé del auto y él se fue. Entro a casa y no veo a nadie, seguramente también salieron. Me voy a mi habitación, y enciendo la computadora, y lo llamo.
Llamando…
Nada. Lo vuelvo a intentar hasta que, por fin, para mi sorpresa no es Cristóbal, sino una pelirroja.
– ¿Dónde está Cris? – pregunto sin comprender nada.
– ¿Quién eres? - ¿Es en serio?
– Soy… - me interrumpe antes de poder hablar.
– Mira, Cris no está, me pidió que cuidara de su departamento. – ¡Pero que arrogante esta mujer!
– Gracias, después me comunicare con él. – digo con un pequeño nudo en la garganta.
– Si, como sea. – la tipa esa cuelga la videollamada y saco todo el aire que estaba conteniendo en mis pulmones.
– Sólo espero que no sea lo que estoy pensando.
Trato de no pensar mas en eso y mejor me recuesto en mi cama para descansar, ya que aun no me cabe en la cabeza que me vaya a casar y con alguien a quien no conozco.
A la mañana siguiente…
Después de darme una buena ducha, bajo a desayunar junto a mis padres, quienes al verme me sonríen.
– Buenos días, mi niña. – saluda mi madre y le doy un beso en la mejilla.
– Buenos días. – me acerco a mi padre y repito la misma acción.
– Buenos días. – me siento y me sirvo un pan tostado y jugo.
– ¿Cómo te fue ayer con tu prometido? - ¿es enserio?
– Todo bien. – miento, porque la verdad estuvo muy incómodo con eso de sus amantes.
– Me alegro mucho. – sonríe mi madre. Parece agradarle mi “prometido”
Dejamos por la paz ese tema y continuamos con el desayuno. Cris, te extraño. ¿Por qué no respondes?