Narra Anya.
Dos meses después…
Aun no puedo creer que mi padre me haya dado en matrimonio con una persona a la que no conozco, eso se me hace muy absurdo y más que sólo han pasado 2 meses de eso.
Los invitados se encontraban en la casa de Dónovan, él quiso que a reunión fuera aquí, solamente nuestras familias, no quiere a nadie más, quiere que nuestra boda sea algo discreto, que nadie más se entere de esto, según él sólo por el momento, más bien porque no quiere perder el prestigio del hombre soltero más codiciado de la ciudad, no quiere perder fans, y obviamente amantes.
– Te ves hermosa como el día que te conocí. - Dice cerca de mi tomándome de la cintura y dándome un corto beso en la mejilla. Es irritante.
– Gracias. Tú también estas muy guapo. – no tengo de otra más que seguir el juego. Sonríe y llama la atención de los presentes.
– Antes que nada, les quiero agradecer por su presencia en este día tan importante. – todos lo miran con curiosidad.
– Quiero anunciarles que me voy a casar con esta hermosa mujer. - Me presenta ante todos. Y todos aplauden y se nos acercan para felicitarnos, la verdad me siento incomoda con todo esto.
– ¡Felicidades! – dice una señora ya algo mayor y nos abraza.
– Gracias, madre. – dice él con una sonrisa. Ya veo es su mamá.
– Anya, querida, no sabes lo feliz que estoy de que mi hijo te eligiera. – dice y me da un beso en la mejilla. La mujer se ve muy agradable, a decir verdad.
– Gracias. – trato de sonreír.
– Ven hermosa, te presentaré con los demás.
– ¡Primo! – se acerca un hombre, muy guapo, por cierto, y lo abraza.
– Xavier. – dice un poco incómodo.
– Espero que aguantes al pesado de mi primo. – me mira con una sonrisa coqueta, al parecer Dónovan lo nota y me abraza de la cintura.
– Eso no es de tu incumbencia. – dice “mi prometido” algo molesto.
– Hombre. Descuida. – dice y se retira, no sin antes guiñarme un ojo y Dónovan lo mira furioso.
– ¿Celoso? – digo con burla y me mira fríamente.
– Vas a ser mi esposa y no voy a permitir que otro te mire y toque. - ¡ja! Y yo no permitiré que se me acerque. Aunque aún no haya estado en la intimidad con Cris, no significa que no le seré infiel.
Ya era algo tarde, y los invitados comenzaron a irse, lo que también nosotros debíamos hacerlo, pero antes de salir, Dónovan me toma de la cintura y me besa con pasión. Es odioso. Me mira fijamente y sonríe con seducción.
– Ya estoy ansioso de hacerte mía. – me zafo de su agarre y lo miro con rabia.
– Escúchame bien, Dónovan Castle, no porqué nos vayamos a casar dejaré de amar a mi novio y tener intimidad contigo. – digo y me mira sorprendido. Salgo de su casa sin voltear a verlo.
No pienso dejarme por él.
Llegando a casa, me encierro en mi habitación y pongo un poco de música, y hago una videollamada con Cris, me hace mucha falta. Necesito verlo.
– Hola, mi cielo. – lo saludo y se ve un poco cansado.
– Hola, hermosa. – dice apenas sonriendo.
– ¿Cómo estás? – me siento un poco triste por no estar a su lado.
– Algo cansado. Demasiado trabajo. – dice bostezando.
– Te entiendo. – digo sin dejar de mirarlo.
– ¿Cómo te va a ti? – dice con curiosidad.
– Pues bien, el negocio de papá va prosperando. – no le puedo decir de mi compromiso con Castle, no quiero romperle el corazón.
– Me alegro mucho. – veo que tiene demasiado sueño. Me despido de él y corto la comunicación. Al menos lo pude ver. Últimamente casi no se comunica conmigo, por lo mismo de su trabajo.
Me voy a dar una ducha, me pongo ropa cómoda y me meto a mi cama y tratar de dormir, eso de la boda con el socio de mi padre me tiene mal. Con quien debería casarme es con Cristóbal y no con Dónovan.
Narra Dónovan
Hoy hice en mi casa una pequeña reunión entre mi familia y los padres de Anya para anunciar mi compromiso con ella, se encontraba algo nerviosa, y al final me sorprendió mucho cuando me dijo que no dejaría de amar a su novio y que nunca iba a estar conmigo en la intimidad. – eso ya lo veremos mi querida Anya. – digo para mí mismo. Tiene carácter la muchacha, creo que me va a costar conquistarla, ella me encanta y tarde o temprano será mi mujer.
– Espero que me den nietos. – dice mi madre sacándome de mis pensamientos.
– ¡Por Dios, madre! Sabes que no tengo esas ideas. Además, tienes a tus nietos de parte de mi hermana, quien faltó a la reunión, por cierto. – digo algo molesto.
– Se le presentó un inconveniente, pero estará para el día de tu boda con Anya. – dice disculpándola.
Marian siempre con sus inconvenientes, que conveniente cuando se trata de mí. Pero me va a escuchar.
Después de una buena ducha, me recuesto en la cama, me gusta dormir en poca ropa y una cobija ligera, me siento más cómodo. Cierro los ojos y comienzo a imaginarla de cómo sería en lo íntimo. Prefiero quitar esas imágenes de mi mente o terminaré dándome una ducha de agua bien fría.
– ¡Oh, Anya! Tú vas a ser mía. – y va muy en serio.
A la mañana siguiente…
Me despierto un poco tarde, la verdad estoy algo cansado, no me deja de dar vueltas las palabras de Anya, ella es virgen y desea que ese dichoso novio, sea el primero, pero no lo voy a permitir, va a ser mi esposa y, por ende, mi mujer. Me enamoré de ella como un adolescente, la voy a conquistar, y haré que se enamore de mí.
(…)
Me encontraba en la oficina viendo unos documentos, en eso se abre la puerta de mi oficina, miro y es Jessica, se acerca mí de forma seductora y se sienta en mi escritorio, lleva puesto un vestido n***o que le resalta su figura.
– Hola, amor. – hace que me levante y la bese con pasión.
– Jessica… - trato de apartarla, pero no me hace caso.
– Tengo ganas de ti… - si realmente amo a Anya no debo hacer esto nunca más.
– No. – la aparto de mí y me mira molesta.
– ¿Disculpa? Tú no me puedes rechazar. – no me importa ya.
– Lárgate de aquí. – le ordeno y sólo veo odio en su mirada.
– Esto no se va a quedar así. – toma sus cosas y sale de mi oficina.
Voy a cambiar por la mujer que amo y desde ahora no le seré infiel, aunque suene absurdo, pero realmente me enamoré y lucharé por ella.