—… Ajá. Sí. Mañana recibiremos el cargamento para la distribución. Sí. Él ya lo sabe… Vale, vale. Alissa enfocó los ojos y pudo notar que tenía consigo la ansiada libretita negra. La tenía en una mano mientras que la otra sostenía el móvil. Parecía estar demasiado concentrado en eso. Quizás si pudiera acercarse un poco más… Sólo un poco. De repente, Kilian salió de la nada. —¿Qué han dicho? —Todo estará listo para mañana. ¿Será aquí? —Sí. Como siempre. Giró la cabeza a un lado. Alissa tomó esto como una advertencia. Él sabía que lo estaban espiando. Ella dio unos pasos hacia atrás para procesar todo aquello. —Todo lo que habíamos supuesto era verdad. Kilian representaba la principal fuente de distribución de la ciudad. Algo que le resultó espantoso de creer. Al confirmarse esto, p

