Aunque lo deseara con todas sus fuerzas, sabía que su futuro esposo sería más bien el escogido para asegurar y proteger el reino de su padre. Así que sólo le restaba esperar por el elegido y pensar en lo mejor. —Señorita, la cena está servida. Eleonora le interrumpió de sus pensamientos. Le quitó la neblina de la duda de lo que sería su futuro así que se levantó, alisó el vestido y fue directo a la puerta. Lo cierto era que no tenía ni el más mínimo ápice de hambre, sin embargo, sabía que era importante hacerlo sobre todo para satisfacer a su padre. No quería escucharle decir una perorata acerca de lo importante de tener buena salud. Terminó de bajar los escalones y se dirigió al gran salón en donde se encontraría el rey. Sería como una de esas tantas noches. Apenas llegó, su padre se e

