Encontró consuelo en los días en los que paseaba por el bazar, en donde caminaba por allí, distrayéndose entre los olores y los colores de los puestos. Las ofertas, el olor a tierra y las risas de quienes estaba allí, ignorando por completo que estaban vivos gracias al sacrificio de ella. Sin embargo, durante las noches, enterraba su cabeza en la almohada. Lloraba sin parar. Imaginaba su vida infeliz y todos sueños rotos por la ambición desmedida de un hombre. Las cosas no eran muy diferentes para el rey. Si bien aquello representó una solución al problema, también era doloroso ver cómo la alegría de su hija, cómo sus ganas de vivir se vieron reducidas a un pacto doloroso. Por más vueltas que le diera, aquella boda era una victoria al mismo tiempo que una derrota. Para Gabriel, el hecho

