Se acercó a mí y me besó. Fue un beso dulce, suave. —Esto es para que los recordemos el compromiso que tenemos. Yo asumo la responsabilidad de cuidarte y protegerte, y tú el de entregarte a mí, siempre. —Siempre. —No sabes lo nervioso que estaba. —¿Por qué? —Porque siempre me preparo para peor. Pero nada, hoy no ha sido así. Hoy me siento como un chaval. Así que, celebremos un poco con más azotes, ¿te parece? —Sí, Amo. Aún puedo recordar el brillo de sus ojos cuando le dije que sí. Después de ese momento, marcó todo mi cuerpo con el cuero de los latigazos y con las mordidas que me dio. Estaba dispuesto a decirle al mundo entero que era suya y de nadie más. Puse el móvil en la encimera del baño y tomé una foto. —Buenos días, Amo. Le envié la imagen a Erik y esperé ansiosamente por

