Mientras los días transcurrían, Natalia se afirmaba como una figura clave en el mundo empresarial. Textiles Fuentes, la compañía que había heredado tras años de esfuerzo y sacrificio familiar, estaba alcanzando un renombre sin precedentes. Gracias a su talento y visión estratégica, junto con la creatividad innata de Elisa, su socia y mejor amiga, habían revolucionado el mercado del diseño. No solo confeccionaban telas; creaban historias tejidas con hilos únicos, llenas de carácter y sofisticación. Elisa irrumpió en la oficina de Natalia una tarde, con su característico entusiasmo. —¡Lo logramos, Nati! ¡Nos aprobaron el contrato con esa firma parisina! Natalia levantó la vista de su escritorio, donde revisaba los diseños de la nueva colección, y sonrió ampliamente. —Sabía que lo c

