La mañana de la boda llegó con el brillo del sol colándose entre las cortinas de la habitación de Natalia. Desde temprano, la casa estaba llena de movimientos. El aroma a café recién hecho se mezclaba con el leve perfume de flores que adornaban la sala. Natalia miraba por la ventana mientras se ajustaba la tiara en el cabello. Había algo mágico en el aire, pero también una ola de nerviosismo que no podía ignorar. En el salón principal, las risas y las voces de sus amigas llenaban el ambiente. Nora, Soria, Laura y Elizabeth se encargaban de los últimos detalles. Mientras tanto, Natalia trataba de calmar los latidos acelerados de su corazón. – ¿Estás lista para tu gran día? – preguntó Laura con una sonrisa amplia, entrando a la habitación con un ramo de flores en las manos. – Creo que sí.

