Capítulo 15. Verdaderas razones

1139 Words
Stefan por un momento se quedó sin palabras. Victoria lo cautivaba, no lo hacía a propósito y él se daba cuenta, le tenía miedo y él sabía que era lo mejor, pero vaya que quisiera que fuera diferente. Convencido que es una tontería y que se ha encaprichado con ella como no lo ha hecho con nadie la aflojó y comentó con desprecio: —El amor es para los débiles Victoria, te estoy dando mucho y no te has dado cuenta. —No me interesa nada que venga de ti ¡¿Es que no lo entiendes?! —Pero es lo que te tocó, aprende a aceptar el destino Victoria. —Yo no creo en el destino… —Cree en el honor entonces, porque yo hago lo necesario, pero lo hago por honor y te prometí que estaríamos a salvo. —Jamás me dejarás ser libre ¿cierto? —masculló Victoria sin poder evitar llorar de impotencia y rabia—. Me utilizarás para engañar a tu madre y hermana, manteniéndome a tu lado como a una mascota y si desobedezco serás capaz de torturarme. —No dudes de que soy capaz de muchas cosas, pero insisto, no lo hago por gusto; y mi problema es que no confio en ti, hasta que no te ganes mi confianza no puedo contemplar liberarte. —Te lo juro por lo que sea, no te delataré. —Está bien, pero dime ¿Por qué quieres irte? Si me das una buena razón te dejaré ir con tu madre. Victoria negó con la cabeza. —Y dices que yo juego. —Solo dime que harás. —No es tu puto problema, solo te interesa que no te delate, no tengo que darte explicaciones de mi vida. —Te irás para ser la dama de honor de tu amiga Rebeka, a suplicar a Michael porque te acepte de nuevo a su lado, o decidirás ir con tu madre que es un verdadera joya y te venderá a algun millonario sexagenario que tenga oportunidad de dejarte viuda y con mucho dinero que no salga de sus arcas. O no… Mejor aún, regresarás a las pasarelas a ser el objeto de deseo de viejos asquerosos que te ofrecen regalos a cambio de que seas su amiga especial. Para eso puedes ser mi amiga especial, yo soy joven y viril. Victoria le dio una sonora cachetada. Y él aprisionó sus manos encima de su cabeza. —No permitiré que me pegues de nuevo, te he permitido demasiado. — ¿Con qué puedes amenazarme? Sé que no me matarás en la casa de tu madre. Stefan la miró intensamente. —Anda Victoria, dime ¿para que te irías de mi lado? —No quiero vivir una mentira… —Es una buena respuesta, pero no es tu caso, si te dejara marchar tendrías que vivir una nueva vida y negar la pasada, igual vivirías una mentira. Victoria continuó llorando y él limpió sus lágrimas con sus labios. —Dime tú que es lo que debo decirte, ya que lo sabes todo y puedes ver a través de mí —espetó Victoria con rabia. —Confianza Victoria, esa es la clave, te estoy dando la oportunidad de ganarte mi confianza. —Para eso debes contarme más de ti; y cada vez que sé más cosas de ti, menos posibilidades tengo de ser libre. Stefan te obsesionaste conmigo porque no me someto a ti. Él sonrió. —Puede que tengas razón. Mantuvo sus manos entre una sola de él y con la otra acarició sus pechos, con su lengua siguió el latido de su pulso desbocado en el cuello mientras bajó la mano hasta meterla debajo de su falda y acariciar su muslo hasta llegar al bikini. Continuó con su boca pasando por su clavícula hasta llegar al medio de su pechos donde pasó la lengua por un poco de salsa de todo lo que le arrojó para impedir que hablara. —Sin duda eres deliciosa —susurró gracioso y Victoria jadeó cuando su mano acarició su vulva—. No te soy indiferente Victoria, puedo sentir como te humedeces, como te eriza mi contacto. Victoria rio con ironía que Stefan odió. —Si me hacen cosquillas me rio, no lo confundas con deseo auténtico, simplemente no estoy muerta —Victoria volvió a reír—. Tuve sexo con mi mejor amigo para que descubriera si realmente quería ser gay, y fue mi idea... Stefan la soltó con ira y Victoria saboreó su pírrico triunfo. — ¿Qué te pasa Franco Slashdot? —le increpó Victoria—. Decepcionado de que no me importe. Pues con sexo no lograrás nada, nunca ha sido importante para mí; te lo dije, puedes tomar mi cuerpo, pero mi corazón es solo mío. Jamás seré tu propiedad. —Quieres que te haga daño para tener un motivo para odiarme, pero no lo haré por complacerte. —Me sobran motivos para odiarte… — ¿Entonces qué harás? ¿Te dedicarás a ayudar a hombres confundidos? Una manera elegante de continuar siendo una simple mujerzuela. — ¿A ti qué te importa?, me querías vender. —No has podido darme una razón verdadera para irte. Victoria me odias porque no hay nada allá afuera verdaderamente tuyo, no hay nada esperándote porque no puede funcionar sin ti. —Al menos yo no quiero matar gente. Stefan desvió la mirada. —Mantengo mi palabra, cuando haya algo fuera que sea realmente para ti, te dejaré ir, porque sabré que no lo arriesgarías por delatarme, mientras tanto te tendrás que quedar a mi lado. Tocaron a la puerta y Stefan abrió, era una muchacha del servicio con varios vestidos en un perchero, Stefan lo tomó y cerró la puerta sin dejarla entrar. —Cambiate y salgamos. — ¿Puedes salir y darme intimidad? —No… no sé si utilizarías algun filo para cortarte las venas, estás en negación y me das muchos problemas para no tenerte vigilada. Victoria se limpió las lágrimas y se quitó el vestido con rabia y mirándolo fijamente con odio, se quedó solo en biquini, como modelo, andar en toples no era nada fuera de lo común. Victoria le pasó por un lado en dirección al baño y Stefan la observó con la boca un poco abierta. — ¡Estás rogando que te haga daño, pero no caeré en tu provocación!, más pronto de lo que crees agradecerás estar a mi lado. — ¡Jodete Stefan! —Victoria cerró la puerta del baño de la habitación con un sonoro portazo. —Será que es lo que me toque hacer —susurró Stefan y fue a la ventana a que le diera la brisa fría de la noche en el rostro y lo distrajera de la erección que le había ocasionado la pasarela de la impúdica Victoria.
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