Victoria tenía muchas preguntas, pero Stefan la tomó del brazo y regresó con ella a la recepción, en donde él de nuevo cambió la cara y mostró la alegría que caracterizaba al tonto Stefan.
Victoria observó a su madre hablando con un grupo de empresarios, eso era lo de ella, así era feliz, mostrándose como la perfecta mujer, pero que en realidad siempre buscaba ganancias monetarias y sacar provecho de la gente.
— ¿Pisaste muchas veces a mi madre? —preguntó Victoria con malicia y Stefan bajó la cara riendo.
—No solo yo soy malvado…
—No quiero que le hagas daño a mi madre, pero muchas veces he querido darle un pisotón, como ahora que no se da cuenta de tus intenciones y está feliz de haberme vendido.
Stefan la miró y sus ojos brillaban de risa.
—Que bueno que ya comprendes que eres mi propiedad.
Victoria sonrió de lado.
—Jamás Stefan, podrás hacer lo que quieras conmigo, pero jamás seré tuya, mi corazón no está contigo.
Stefan rio con risa inocente, pero le susurró:
—Me conformo con tener lo que recubre tu corazón —y afianzó su comentario mirando sus pechos con lujuria.
Victoria rodó los ojos y Stefan se sorprendió por su silencio y continuó.
—Tu silencio me da permiso.
— ¿Y acaso pides permiso?
—Te sorprendería saber que nunca he obligado a una mujer, no lo necesito en realidad, solitas se entregan. Y ahora vamos a bailar.
—No me vayas a pisar —advirtió Victoria en voz baja haciéndolo reír de nuevo.
Stefan la llevó cerca de los otros bailarines y la abrazó fuerte, se quedó mirándola y ella debía hacer lo mismo.
Aparentar que estaba enamorada.
Eso para ella era una tortura.
—Sonríe Victoria.
—Ya ves que por eso soy modelo, no sirvo para actriz.
La música se hizo más movida y Stefan hizo que quienes estaban sentados se levantaran a bailar, los hizo hacer el trencito y los sirvientes estaban pendientes de apartar la cristalería de su camino.
La madre de Stefan riendo feliz con su hijo encabezó el tren humano, aunque Ivo en ningún momento quiso acercarse.
Victoria se dio cuenta que estaba riendo y que empezó a divertirse cuando la madre de Stefan tomó sus manos y de corazón expresó:
—Gracias Victoria, estaré contigo eternamente agradecida por cambiar a Stefan.
—Yo no he hecho nada —musitó Victoria incomoda.
Anka negó con la cabeza.
—Lo convenciste para que viniera, lo apartaste de sus computadoras frías y sin humanidad, le diste un motivo para relacionarse y expresar amor.
Victoria tragó grueso, le daba pesar con esa buena madre que no merecía ese cruel hijo.
Al final de la velada la madre de Victoria se acercó a ellos para despedirse.
—Ay quisiera quedarme con ustedes, me he divertido mucho; Anka cariño, tu casa es hermosa —enfatizó besando a la madre de Stefan en la mejilla.
—Gracias Tania, espero volver a verte muy pronto y conocer al padre de Victoria —exclamó Anka con una sonrisa.
—Si vas a Alemania con mucho gusto, deberíamos ponernos de acuerdo. Tengo demasiado trabajo allá, Victoria lo sabe —se lamentó Tania—. Ya mi marido está allá, si no aprovecharía para compartir más con mi hija y mi futuro yerno.
—Yo quisiera ver a mi papá —dijo Victoria emocionada—, podría ir con mi madre —aventuró tratando de dejar a Stefan sin palabras.
Stefan alzó las cejas.
—Victoria, pero yo creía que iríamos a la casa de vacaciones en Los Hampton —intervino Adriana emocionada por compartir con su recién estrenada cuñada.
—Pero es que tengo mucho tiempo sin ver a mi papá —...refutó Victoria.
—Nada señorita, luego nos visitan, ahora quédate con la familia de tu novio y luego compartimos unos días en Alemania o Venezuela, a Stefan le encantaría —completó Tania.
Victoria miró a Stefan y se sentía atrapada, le suplicó con la mirada que la dejara ir y él se mantuvo en silencio con mirada retadora.
—Quiero decirles algo a todos —susurró Victoria.
— ¿Qué les dirás? —preguntó Stefan.
Victoria lo miró retadora.
—Stefan me tiene…
Stefan se levantó rápido del asiento e hizo volar una bandeja de aperitivos de las manos de un camarero con una puntería tan exacta que aterrizó en el regazo de Victoria.
—Oh querida, tu vestido —exclamó Anka avergonzada en nombre de Stefan por su torpeza.
—Mi amor, mi vida, yo te limpiaré —exclamó Stefan aparentando culpa.
—No importa, señora Anka…
—No le digas Victoria —ordenó Stefan.
— ¿Pero qué es lo que pasa? —Inquirió Anka
—No quería hacerlo así, pero le pedí a Victoria que sea mi esposa —exclamó Stefan.
— ¡No! —gritó Victoria.
—Me encargaré de que tu padre reciba el mensaje ya mismo —gritó Stefan peligrosamente de descubrirse como Franco Slashdot
Victoria lo miró con impotencia, supo que Stefan había amenazado a su padre y una lágrima surcó su rostro.
— ¿Victoria, estás bien realmente? —Preguntó Anka.
Victoria sin dejar de ver a Stefan afirmó con la cabeza, de nuevo estaba atrapada, por más que quisiera no podía sacrificar a nadie, menos a sus padres.
Sea como sea ella los quería y hasta este momento entendió cuanto.
—Yo solo quería agradecerles por abrirme las puertas de su casa —musitó Victoria sintiéndose derrotada y dos lágrimas más corrieron por sus mejillas.
—Querida, ni lo digas, somos tu familia —contestó Anka conmovida—. Mi amor, aunque tu madre deba irse, yo estoy a la orden.
Anka la abrazó cuando la vio llorar afligida, creía que eran lágrimas de felicidad.
—Stefan, hijo porque no la llevas a tu habitación para que pueda limpiarse, Adriana le dará un vestido para ponerse.
—Si mamá, es lo que haré —contestó Stefan y la cargó como a una novia al salir de la iglesia y caminó con ella al pasillo dejando a la madre de Victoria admirada por su gallardía de príncipe tonto, pero encantador alfin.
En cuanto Stefan cerró la puerta de la que fue su habitación de infancia la tiró a la cama.
Victoria se hizo un ovillo con miedo.
«Hasta aquí la conté»
—Gritaré si me haces daño —musitó con un nuda en la garganta y las lágrimas fluyendo sin control.
—Deja de jugar Victoria.
—Lo que no es un juego es mi vida, no puedes tenerme prisionera.
— ¡Maldición, yo estoy tan harto como tú, pero no me dejaste opción! Cada vez haces esto más complicado —gritó Stefan—. Entiende que no te permitiré separarte de mí.
— ¿Por qué? Yo no te importo para nada.
—No quiero decepcionar a mi madre y conseguí una manera para que tus padres no estorbaran sin matarlos, deberías agradecerme.
—Agradecerte por no matar gente ¿En realidad te oyes cuando dices barbaridades como esa?
— ¡Pues es lo que me tocó! No puedes mirarme con ese asco, tu querido Michael ya tiene también las manos manchadas de sangre.
—Pues no te creo, él no es como tú…
Stefan subió a la cama y la enjauló debajo de él con brazos y piernas.
—Puedes seguir haciéndolo difícil para ambos, pero mientras más rápido te convenzas de que no puedes escapar de mí más probabilidades tendrás de vivir.
— ¡Deja de amenazarme y mátame de una vez!
—No te rindas Victoria, no te va la autocompasión, eres demasiado fuerte, demasiada hembra para someterte a una muerte fácil.
—Eres un maldito enfermo…
—No soy peor que el hombre con el que quieres regresar y suplicarle amor.
—Yo no voy a suplicar a nadie, no te suplico a ti por mi vida, no lo haré por amor.
Stefan se acercó a su boca y susurró.
—No puedes mentir, puedo ver a través de ti con facilidad, sé que no tienes reparos en rogar por amor porque estás hambrienta de él.
— ¿Y me dirás que tú me das amor acaso? ¿Tan ilusa me crees?