Anka llevó a Victoria por el recorrido de la enorme casa, aquello era un palacio enorme, Anka le mostró la dirección por donde estaba la piscina y las canchas de tenis, tenía una sala de cine y un salón de billar, donde estaba el socio de Stefan en compañía de otros hombres.
El hombre saludó al verlas pasar y Victoria pudo identificar el veneno en su mirada, la advertencia de nuevo.
—Victoria te veo nerviosa —inquirió Anka.
—No… Para nada, no es eso.
Anka la observó.
—Quería alejarme de todos y tener una conversación sincera contigo —Anka la invitó a pasar a un estudio privado con una amplia vista al jardín iluminado para que pudieran pasear sin problemas aunque era de noche.
—Usted me dirá —replicó Victoria con el corazón acelerado.
Anka miró a su alrededor.
—Este entorno lujoso e incluso ostentoso que nos rodea lo ha conseguido mi hijo con su ingenio; él en el aspecto social es torpe, pero funcional en medida de lo posible.
«Santa madre de Dios, esta mujer ni se imagina quien es su hijo» Pensó Victoria y no tenía ni idea de que contestar, así que la miró con atención para que Anka continuara hablando.
—Él es un hombre brillante y entiende más a las computadoras que a la gente y es que para él es imposible ver los sentimientos de quienes lo rodean.
—Ni que lo diga —susurró Victoria sin poderlo evitar, pero Anka no lo tomó bien.
—Debo preguntarte, ¿por qué estás con él? —Inquirió con voz dura.
—Ay señora, porque él no me dejó opción —contestó Victoria con voz lastimera.
Anka desvió la mirada.
—Si en verdad no quieres estar con él…
—No es eso señora —exclamó Victoria nerviosa, debía controlarse o hasta hoy la contaba—. Esto es muy incomodo, pero es normal que crea que yo solo estoy con su hijo por su dinero, pero no es el caso.
—No soy tonta, mi hijo tiene 34 años, nunca había traído a una novia y me preocupaba por su futuro, se vé que está enamorado de ti y es comprensible; eres muy hermosa y con un pasado bastante movido —aclaró dejando patente que la había investigado—. Te lo diré abiertamente, no entiendo cómo es que estás con mi hijo.
—No sé hasta qué punto fue solo mala suerte —dijo Victoria ya harta de toda la situación—. Señora, usted no tiene idea de quién es Stefan Angelov…
—Sin duda si hablas de mala suerte esto no puede estar bien, te agradezco tu sinceridad, podemos regresar.
— ¡No! «Controlate Victoria, tu madre no es la mejor del mundo, pero Stefan le torcerá el pescuezo, y luego me matará». Señora, no me he sabido explicar.
—Adelante —indicó Anka con los brazos cruzados y se sentó en un sofá y la invitó a sentarse frente a ella.
Victoria se sentó y decidió apegarse lo más posible a la verdad.
—Yo soy adicta, no sé porque circunstancias terminé junto a Stefan y la verdad es que no era de mi agrado, pero me ayudó, quizás no con otra intención más allá de que no lo molestara, pero me llevó a un centro de desintoxicación —Victoria lo dijo para salir del problema, pero entendió que en realidad lo sentía, aunque Stefan era un lunático si le agradece el tratamiento para deshacerse de la adicción.
—No me sorprende, él conoce las consecuencias de las drogas —el rostro de Anka se dulcificó—. Mi esposo no es el padre biológico de Stefan, soy viuda, tenía dos hijos, Stefan y Stoyan, ellos estaban con su padre cuando tuvieron un accidente, pensé que habían muerto los tres, pero Stefan había sobrevivido con su hermano menor y la pasaron bastante mal antes de encontrarlos. Stoyan no sobrevivió y Stefan no volvió a ser el mismo.
—Lo lamento señora —expresó Victoria cuando vio el sufrimiento en el semblante de Anka.
—Lo siento, es un tema difícil para todos, mi actual esposo era el socio y mejor amigo de mi difunto marido y se encargó de nosotros, pero Stefan no estaba bien y se fugó de casa, no lo vi en varios meses, cuando mi marido lo encontró había tenido un accidente que afectó alguna parte en su cerebro, pero él tiene mucha voluntad, se sometió a la terapia con ibogaina y se hizo mejor hijo, perdió su rebeldía, y aunque ahora sigue teniendo luz, extraño al hijo que perdí.
Victoria no podía decir nada, todo eso era un cuento inventado de Stefan, pero ella no podía refutar.
—Señora, le aseguro que no estoy con Stefan por su dinero, cuando le digo que él no me da opción, es porque… Bueno, la verdad no tengo un lugar a donde ir y con él me siento…
Victoria podía disimular, pero era demasiado difícil mentirle a la mujer que la miraba tan atenta.
—No me digas más, es algo reciente lo de ustedes y perdóname por atacarte así, entiéndeme que mi hijo es vulnerable.
—Él es fuerte, más de lo que piensa.
Anka estiró la mano y tomó la de ella.
—Ahora entiendo porque estás juntos, se identifican en sus problemas, y bueno mi hijo también es muy guapo y muy inteligente, no lo subestimo, pero tiendo a protegerlo por su condición.
Victoria sonrió, esta era una madre, a ella le hubiera gustado tener una que la protegiera así.
—La entiendo señora.
—Llamame Anka, vamos, te mostraré el resto de la casa y regresamos a la fiesta.
—Al salir del estudio lo hicieron por otra puerta a un pasillo amplio, de inmediato a Victoria le llamó la atención un cuadro en la pared, era el retrato pintado por un artista de un hermoso niño rubio y de ojos azules.
— ¿Es Stefan? —Preguntó Victoria.
—No, es Stoyan, mi otro hijo.
En ese momento llegó Stefan con ellas.
—Mamá, Ivo te está buscando, un problema de aves, se escaparon de una jaula seguramente.
Anka sonrió y acarició el mentón de su hijo mayor.
—Seguro entendiste mal, yo no tengo aves en jaulas, quizás es un problema en la cocina, iré a ver.
Victoria continuó observando la pintura, aunque sintió que quedaba sola con Stefan y que él estaba a su espalda muy cerca de ella.
Victoria no podía dejar de ver la pintura, sin duda la había hecho un artista talentoso, la mirada del niño era triste, tanto que Victoria sentía ganas de llorar, se identificó con el niño de la pintura, ella sabía lo que era el miedo y la tristeza aun a corta edad, recordó sentirse abandonada, así se veía el niño, expresaba desesperación y pánico.
—Es mi hermano Stoyan —murmuró Stefan.
— ¿Qué edad tenía en este retrato?
—Tenía cinco años cuando murió, él no posó para el retrato, lo pinté de mi memoria.
A Victoria se le inundaron los ojos de lágrimas y tragó grueso porque verlo le daba una profunda tristeza.
—Él parece asustado.
—Sin duda lo estaba…
Victoria volteó a ver a Stefan y en sus ojos observó la misma tristeza del niño, ella desvió la mirada.
—Eres un gran artista, lo demuestra el sentimiento que transmite la pintura —ella quiso pasar y él no se lo permitió, levantó su mentón y observó sus ojos húmedos.
—No le hice daño a tu madre, puedes calmarte —le indicó Stefan y Victoria negó con la cabeza—. No es eso, no me hagas caso, solo me enterneció la pintura, es todo.
—Él tendría 26 años ahora —murmuró Stefan—, estoy seguro que te caería bien, pero Halcón truncó nuestras vidas.