Una semana después el equipo de Halcón estaba en New York.
Michael se mantenía con los ojos bien abiertos y cuando supo que en New York Slashdot haría un negocio no dudó que Victoria estaba viva, pues si Slashdot había podido salir del mar, confiaba que ella también.
Pero en cuanto llegaron se dieron cuenta que aunque la gente que estaba al servicio de Luciano era de Slashdot él no había aparecido.
Don Massimo Coppola era el padre de Luciano y aunque se había hecho responsable económicamente de él nunca estuvo en su vida, hasta que Luciano siendo adulto revivió la figura de Halcón en todo su esplendor.
Y no de la mejor manera, por supuesto siguiendo consejos de su amigo Franco Slashdot había cometido un error tras otro y don Massimo prefirió aprovechar la oportunidad y meter a Diego y Michael a dirigir los negocios de Halcón.
Pero caprichoso es el destino y Massimo había descubierto que Diego en realidad era el último hijo de su esposa, del que no tenía idea de su existencia. El que iba en su vientre cuando la secuestraron.
Ahora don Massimo lidiaba con el cargo de conciencia de haber sacado a su hijo ilegítimo de la mafia para meter a otro de sus hijos, pero no podía hacer nada.
Diego no estaba dispuesto a salirse del negocio hasta que Michael recuperara a su mujer y detuviera a Luciano.
Abatidos después de no encontrar en realidad señales de Franco Slashdot se reunieron a conversar en la casa de New York de Halcón, Michael con su amigo Diego que ahora portaba el título de Halcón y su padre don Massimo.
—Lo lamento muchacho, yo sé lo que sientes —expresó don Massimo empático con Michael.
—No, ¡usted no sabe lo que él siente! —le gritó Diego—, usted escogió este camino por ambición y obtuvo castigo, Michael escogió esto por lealtad, por ayudarme a mí y por librarse de la persecución del imbécil de Luciano, él no merece esto, Victoria mucho menos, era una joven hermosa que aunque tenía dinero contaba con muy pocas personas en el mundo y tenía muchos problemas…
Michael no pudo evitar notar que Diego se refería a Victoria en pasado, no era tonto y sabía que ya el resto del mundo daban a Victoria por muerta.
—Tienes razón Diego, yo soy un desgraciado, pero no cambia los hechos y lo mejor es que Michael salga de negación —musitó Massimo con pena y también vergüenza.
—¡Maldita sea! —gritó Diego dando un golpe a la mesa de billar—, Mickey debió traer a Victoria, yo debí traer a Rebeka.
—Si Victoria murió… —musitó Michael, aun manteniendo la esperanza y a punto de llorar—. Si fue así, murió creyendo que yo no la quería, la hice sufrir cuando le prometí que no lo haría y no la cuidé como le prometí hacerlo.
—Pues se acabó —acotó Diego mirando a su amigo—, no es momento de desplomarse, tenemos trabajo —volteó y enfrentó a Massimo—. Luciano nos ha visto como pendejos porque tenemos contemplación, pero ya basta, eso de que sea un enemigo al que tenemos que tratar con guante de seda solo nos llevará a la muerte, usted debe aceptar de una vez por toda que debemos utilizar toda la fuerza para acabar con Luciano como con cualquier enemigo.
—Pero él no es cualquier enemigo —contestó don Massimo en voz baja, pero determinado—. Él es tu hermano.
Diego que es un hombre malhumorado está demasiado furioso para que le importe.
—Maldición, Massimo, mi hermano es Mickey y ya no soporto ver su sufrimiento, ¿como pretende que no quiera castigar al causante de este desastre?
— ¡Porque él no es el único responsable! —Contestó don Massimo perdiendo la paciencia y contestandole a su hijo en el mismo tono que él usa—. Yo supe de ti porque fuiste lo bastante idiota para ofrecerte como peleador a cambio de credito y drogas, tú te lo buscaste al involucrarte con Halcón creyendo que sería algo muy sencillo.
Lo que menos quería Michael es caer en los problemas familiares de los Coppola.
—No perdamos la cabeza, se callan los dos —expresó Michael erguido con autoridad, limpió su rostro y suspiró tragando toda la emoción contenida por la desesperación que siente por no tener respuestas de Victoria—, en definitiva son padre e hijo, iguales de tercos y cabezotas, son incapaces de dar su brazo a torcer.
Padre e hijo se callaron un instante pero se veían desafiantes, Diego continuó.
—Yo metí a Mickey en esto y tú sacaste beneficios cuando Luciano fue Halcón, sabías que era un loco y no te importó.
—Luciano no era así —contestó Massimo—, Luciano me respetaba, sino no le hubiera permitido ser Halcón.
—Por favor, me hiciste Halcón a mí para que me mataran y poder salvar el culo a Luciano.
—Sí, porque es mi hijo y debía protegerlo, ahora sé que también eres mi hijo y no puedo exponerte.
—Y mientras tanto los que no son tus hijos pueden morir sin que te importe.
—Así es Diego… Es lo que debes hacer en este negocio, no puede importar nadie en el jodido mundo —Massimo miró a Diego—, a ti te cuento como un hijo también Michael.
— ¡Eso es! —exclamó Michael—. La vulnerabilidad de don Massimo son sus hijos. Yo lo sé y también lo sabe Luciano, sé cómo lo haremos salir desesperado —tanto Diego como Massimo se le quedaron mirando—. Llegó el momento, debe presentar a Diego como un Coppola por todo lo alto, usted don Massimo es la debilidad de Luciano, por usted saldrá como un toro bravo cuando le de a Diego el puesto que él anhela como su hijo.
Finalmente llegó el día pautado, Stefan la buscó a Victoria temprano y llevó a un edificio en una zona exclusiva de New York.
—Mis padres tienen una casa cerca de aquí —le informó Victoria con la esperanza que al culminar la visita en casa de su madre pudiera dejarla libre.
Entraron a un ascensor desde el estacionamiento subterráneo y Stefan sin mirarla marcó el botón del penthouse y le contestó.
—No hay problema, tus padres no se enterarán, el mejor escondite es a simple vista.
— ¿No planeas dejarme libre entonces? —Inquirió Victoria con el corazón en la boca.
Stefan la miró con las cejas alzadas.
—Ahora trabajas para mí, Victoria.
— ¿Trabajaré para Stefan o para Franco? —Murmuró ella sin esperar respuesta, él solo prensó sus labios y volvió a desviar la mirada.
—Esta noche serás novia de Stefan, quizás luego quieras divertirte con Franco.
Victoria tragó grueso.
«¿Cómo haré para librarme de este loco?»