Capítulo veinticinco. Una triste noche. Alexandre Ivánov Corro junto con todos al oír el grito que sé que era de Vanessa. Cuando llego a la cocina, me encuentro con una imagen que no me gusta para nada. Mi mujer se encuentra golpeando el piso, llorando mientras que grita cosas como: «no puede ser», «es mentira», entre otras. No entiendo nada, así que me agacho e intento que me diga que le pasa, que me hable. Sin embargo, ella no reaccionó. Creo que está en shock. Hannah tomó el celular que hasta ahora no me había dado cuenta de que se encontraba a su lado con una llamada en curso. Hannah, al ponerse el teléfono en el oído y escuchar lo que dicen, se queda igual que Vanessa con la diferencia que ella derrama dos lágrimas y coge a la mujer que tengo en brazos intentando calmarla. —Vaness

