Esperanza

1445 Words
Rouse comenzó a salpicar agua en la cara de John, y él respondió haciendo lo mismo. La felicidad de Rouse irradiaba luz, iluminando la oscuridad de la noche. En ese momento, olvidó todo lo malo del mundo. Solo estaban ella, John, y el hermoso lago bajo la luz de la luna. Fue un momento mágico, uno que recordaría para siempre. Bajo las Estrellas Después de su baño en el lago, Rouse y John salieron del agua y esperaron a que el viento los secara antes de ponerse la ropa. John sacó un abrigo que tenía en el coche y lo extendió al suelo. Se acostaron sobre él, mirando el cielo estrellado. Rouse rompió el silencio. “¿Crees que algunas estrellas podrían estar vivas o al menos conscientes de su existencia?”, preguntó, su voz apenas un susurro en la quietud de la noche. John se quedó pensativo por un momento antes de responder. “No creo que nadie sepa esa respuesta con exactitud”, dijo finalmente. “Pero si brillan, puede que esa sea su manera de decirnos que están aquí para guiar nuestros anhelos. Creo que debemos mirar más al cielo y así tratar de comprendernos”. Y así, bajo el cielo estrellado, Rouse y John compartieron un momento de reflexión y conexión. Aunque estaban rodeados de oscuridad, las estrellas les proporcionaban una luz que iluminaba sus pensamientos y sus corazones. Rouse se sentía segura con John, experimentando una mezcla de emociones que nunca había sentido antes. “Ya debemos irnos”, dijo John, rompiendo el silencio. Se levantaron y comenzaron a vestirse, mirándose fijamente mientras lo hacían. El viaje de regreso a casa fue tranquilo, con ambos sumidos en sus propios pensamientos. Al llegar a su casa, ambos se miraron fijamente. “Y aquí estamos”, dijo john, su voz suave en la quietud de la noche. Rouse se acercó a él, y por un momento pareció que iba a besarlo. Pero en el último segundo, esquivó sus labios y lo abrazó, agradeciéndole por la noche maravillosa. Luego, bajó del coche y comenzó a alejarse. John solo pudo quedarse allí, viendo cómo Rouse se alejaba bajo la luz de la luna. Aunque la noche había terminado, ambos sabían que era solo el comienzo de algo nuevo. Sueños Dulces Después de un día lleno de emociones y nuevas experiencias, Rouse se encontraba en su cama, sintiéndose agradablemente cansada. Tomó su teléfono y escribió un mensaje a Annie, contándole todo lo que había sucedido durante su cita con John. Annie, emocionada por las noticias, respondió rápidamente. “Parece que es un buen chico”, escribió. “Ya mañana hablaremos mejor de ello”. Rouse sonrió al leer el mensaje de su amiga. Sabía que podía contar con Annie para compartir sus alegrías y preocupaciones. Con un suspiro de contento, Rouse dejó su teléfono en la mesita de noche y se acomodó en su cama. Cerró los ojos, permitiendo que el sueño la envolviera. Soñó con el lago, las estrellas, y la risa de John resonando en sus oídos. Así, Rouse se dejó caer en sus sueños, deseando que el próximo día fuera tan maravilloso como el que acababa de pasar. Annie, emocionada, despertó a Rouse temprano en la mañana. Sin esperar a que Rouse se despertara completamente, Annie comenzó a hablar, ansiosa por escuchar todos los detalles de la cita de Rouse con John. Rouse, todavía adormilada, le contó todo a Annie, desde el baño en el lago hasta la conversación bajo las estrellas. Annie escuchó atentamente, emocionada por la historia de su amiga. “Mañana será un día interesante”, dijo Annie, sonriendo. Rouse asintió, compartiendo la emoción de su amiga. “Puede que lo sea”, respondió, esperando en el fondo que así fuera. Después de todo, nunca se sabe qué sorpresas puede traer un nuevo día. Evitando a John Al llegar al instituto, Rouse se sintió nerviosa. Sin pensarlo dos veces, agarró a Annie y tomaron un camino diferente, tratando de evitar a John a toda costa. Annie, confundida, la miró. “Pensé que querías verlo”, dijo. Rouse asintió, su rostro un poco sonrojado. “Sí, pero me siento algo nerviosa”, admitió. “No quiero parecer como si yo lo estuviera buscando”. Annie la miró por un momento antes de asentir comprensivamente. “Mmm, puedo entender eso”, dijo, ofreciendo a Rouse una sonrisa tranquilizadora. Aunque Rouse estaba emocionada por ver a John, también quería mantener cierta distancia para no parecer demasiado ansiosa. Después de todo, cada cosa tiene su tiempo. Dudas y Desilusiones A lo lejos, Rouse vio a John con sus amigos. Entre ellos estaba Jhoselyn, quien salía con uno de ellos. Al ver a Rouse, Jhoselyn comenzó a reírse y le dijo algo a su pareja. Rouse no podía escuchar lo que decían, pero el gesto de Jhoselyn la hizo sentir incómoda. Una sensación de desilusión se apoderó de Rouse. Por un momento, sintió como si hubiera sido utilizada. Miró a Annie, su rostro reflejaba su decepción. “Tenías razón”, dijo, su voz apenas un susurro. Sin decir nada más, Rouse se adelantó, dejando a Annie atrás. Aunque estaba herida, Rouse sabía que tenía que enfrentar sus sentimientos. La Verdad Dolorosa Rouse se dirigió directamente al grupo y enfrentó a John. “¿Qué significa esto?”, preguntó, su mirada se posó en Jhoselyn. Jhoselyn respondió con una risa, “Es que no te lo dijo, ¿verdad?”. Con un gesto casual, tocó a su novio en el hombro. “Ah, sí, aquí están los 50 dólares”, dijo, entregándoles a John. “Todo era una apuesta”. John balbuceó, claramente sorprendido. “No es lo que crees”, intentó explicar, pero Rouse no estaba dispuesta a escuchar. “¿Y qué debo creer?”, respondió, su voz llena de decepción. “¿Que solo fue una apuesta? ¿Oh, claro, y era tratar de acostarte conmigo? Disfruta tu dinero”. Molesta, Rouse se alejó, dejando a John con la palabra en la boca. A pesar del dolor que sentía, Rouse sabía que había hecho lo correcto al enfrentar a John. Después de todo, la verdad, por dolorosa que sea, siempre es mejor que vivir en la ignorancia. Consuelo en la Amistad Annie, preocupada, se acercó a Rouse. “¿Estás bien?”, preguntó, su voz llena de preocupación. “Ven, vamos al baño”, añadió, guiando a Rouse lejos de la multitud. Rouse, con lágrimas en los ojos, no podía disimular su dolor. “Así es como se siente”, murmuró, “que te traicionen… duele”. Annie asintió, su rostro lleno de simpatía. “John es un patán, solo olvídalo”, dijo, tratando de consolar a su amiga. “No vale la pena”. Annie continuó, “Mañana iremos a visitar a mi madre, te extraña. Sabes que eres parte de nuestra familia”. Rouse asintió, agradecida por el apoyo de su amiga. “Lo sé”, respondió, “gracias por recordármelo”. En medio de la tristeza y la decepción, Rouse encontró consuelo en la amistad de Annie. Aunque el día había sido difícil, sabía que siempre podía contar con Annie para estar a su lado. Un Día Difícil En clase, Jhoselyn entró con su habitual aire de orgullo. Rouse, todavía afectada por los eventos del día anterior, no quería ni mirarla. A pesar de todo, ambas estudiaban en la misma clase. De repente, Rouse levantó la mano. “Señorita”, dijo, captando la atención de la profesora. “¿Puedo ir a la enfermería? Me siento algo mal”. La profesora asintió y le pidió que le trajera el diagnóstico después. Rouse salió apurada de la sala, sintiéndose realmente mal. Annie solo pudo ver cómo su amiga se marchaba, preocupada por ella. Emergencia Al llegar a la enfermería, Rouse se desplomó en la entrada, cayendo al suelo. Los enfermeros que estaban cerca se apresuraron a ayudar, levantándola del suelo con cuidado. Inmediatamente, la llevaron a urgencias para determinar qué le estaba pasando. La sala de urgencias se llenó de actividad mientras los médicos y enfermeros trabajan para estabilizar a Rouse. Mientras tanto, Annie, al enterarse de lo sucedido, se apresuró a la enfermería, preocupada por su amiga. La salud de Rouse era ahora su principal preocupación, y solo podía esperar que los médicos pudieran ayudarla. Este incidente inesperado marcó un giro dramático en su día, llenándolo de preocupación y ansiedad. ¿Qué le estaba pasando a Rouse?
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