NARRA JULIANA.
Todo amor, por más increíble que se sienta, terminará de la misma manera, rompiéndote en mil pedazos, y arrojando cada parte de ti lo suficientemente lejos como para que encontrarte a ti misma parezca una tarea imposible de realidad.
Es curioso que cuando te encuentras junto a la persona que te gusta y en el mejor momento de la relación, sientes que eres invencible y que podría soportar lo que sea sin que eso los separé, supongo que es aquel engaño lo que más duele cuando finalmente todo acaba.
Me encontraba conduciendo a gran velocidad, deseaba llegar a mi destino cuanto antes, el sol impactaba contra mis gafas mientras que el ruido del mar intentaba callar mis pensamientos, la vista que tenía desde aquí era increíblemente bella, pero aun así ningún paisaje podía hacerle frente a su sonrisa, a su mirada, a la forma es que me observaba al despertar.
Cerré mis ojos intentando recordarla, su imagen vino a mi mente, ella era tan pura como un ángel y aún más especial que él. Volví mi atención en la carretera, subí el volumen de la radio. Música y diversión, eso es lo que necesitaba. Sonaba una canción y apenas podía divisar cuál era, pues aun simplemente estaba la intro.
La música era tan triste que podría arruinarme aún más de lo que ya me encontraba. La melodía hablaba sobre una ruptura.
Aquellas palabras me erizaron la piel, mordí mi labio inferior intentando contener las lágrimas que luchaba por salir a la superficie, no podía culpar a mi tristeza por aquello, sé que mis lágrimas deseaban ser libres y por qué no, nadar en las profundidades del mar.
Bajo mis lentes oscuros, mientras mis ojos comenzaron a llorar, el agua salada cayó hacia mis labios y allí podía sentir la verdadera playa.
La canción continuaba sonando, deseaba ser lo suficientemente fuerte para apagar el radio, pero apenas tenía la fuerza suficiente para conducir.
Desvié el auto apenas un poco de la carretera, frené de golpe y me quité los lentes para verme al espejo, mis ojos estaban rojos y mis mejillas húmedas, era un completo desastre. Apague el radio de un puñetazo, tome mi cartera y quite un poco de maquillaje. Intentaba ponerme nuevamente el rímel, pero no podía dejar de llorar y aquello me dificultaba mi accionar.
Intentaba recordar la última vez que estuve de esta manera, pero no había una última vez, ya que jamás había llorado así, ni mucho menos sufrido de esta forma.
Estaba a unos metros del lugar en que quede encontrarme con Kate y unos amigos.
Kate era una amiga del pasado que con suerte volvería a mi presente otorgándome la misma diversión que lo hizo anteriormente.
Encendí el carro, y conduje por unos pocos minutos hasta llegar, busqué la casa en la playa en la que supuestamente íbamos a almorzar, pero no la encontré. El ruido de la música alta y el frenesí de unos jóvenes se escuchaban a unos metros, camine hacia allí, una gran puerta con flores y unas cien personas fue lo primero que note.
–¿Cómo es su nombre? – preguntó un guardia de seguridad en la puerta.
–No, lo siento, pero yo solo busco la casa de una amiga y estoy casi segura que no es aquí – contesté rápidamente.
–¿Cuál es tu nombre? – repitió ignorando mi respuesta.
A lo lejos se veía una chica bailando un poco loca, podía jurar que se trataba de Kate.
–Juliana – dije sin saber que esperar, para mi sorpresa mi nombre estaba en la lista de invitados, es por eso que me dejaron entrar. La fiesta reventaba de personas, algunos los conocían y otros simplemente no tenían idea de quiénes eran.
Una fiesta, era justo lo que necesitaba.
–JULI – gritó Kate desde el otro extremo al reconocerme, yo apenas si sonreí mientras la veía correr hacia mí. Había sido compañera de escuela con Kate y éramos bastante inseparables, claro hasta el incidente con su novio. Que por supuesto parecía haber superado o al menos simulaba haberlo hecho. En la alta sociedad lo mejor que sabemos hacer es simular y continuar con nuestra falsedad. Sabía que éramos amigas por el simple estatus de ser una de las jóvenes más ricas de la ciudad, pero aquello me importaba demasiado poco para ser sincera, ya que solo la había contactado por una razón, y la razón mejoró, ya que ahora necesitaba personas falsas y ruidosas a mi lado para callar la voz de la única que fue real en mí.
Me acerqué a la barra alejándome aún más lejos de Kate, lo cual la intensa muchacha no desistió y continuó camino hacia mí.
–Lo más fuerte que tengas – dije al muchacho que estaba en el bar. Este sonrió y comenzó a preparar un trago a mi pedido.
Vi a Kate a unos escasos metros y me apresuré a beberme el trago, era fuerte en verdad, ya que sentía como el líquido quedaba en mi garganta quemándola.
–¡Por dios!, en verdad viniste –dijo Kate poniendo su mano en mi hombro, lucía un bikini al igual que la mayoría de aquí, en cambio, yo estaba vestida prácticamente de gala para un almuerzo elegante como me había dicho ella.
–Creí que esto sería un almuerzo en tu casa de playa Kate –comente elevando mis cejas. –Otro – dije llevando mi atención al chico del bar, quien rápidamente comenzó a preparar uno más.
–Ay cariño, mira como te has venido, lo siento. En verdad es que mi personal tardaba demasiado en limpiar y sabes, estaba muy enojada y estresada, así que solo quise distraerme y que mejor que una humilde fiesta para aquello. Verás, solo invite a unos pocos como te comente, pero no lo sé luego, solo vinieron más y aquí estamos. Debí avisarte, pero siendo sincera no creí que ibas a venir –continuó hablando, aunque la verdad apenas la escuche, era tan monótona y aburrida. Bebí nuevamente aquel trago y suspiré.
–Claro, no te preocupes –respondí observando a mi alrededor. Todos me observaban o al menos eso creí.
–¿Oye es cierto que te habías convertido en monja? – preguntó otra de las chicas haciendo que muchos de ellos rieran.
Bebí otro trago antes de responder aquella pregunta.
–Claro que no –solo respondí y luego terminé mi vaso, tenía la absurda teoría que al finalizar aquella bebida el licor ahogaría los recuerdos de ella, pero aquello no parecía funcionar.
–¿Y dónde estuviste todo este tiempo? –preguntó Kate observando mis zapatos, y luego mi ropa.
–En Europa – solamente respondí, todos parecían rodearme, aquella atención no era bonita y comprendí que debía hacer algo más para cambiar aquello.
–¿Quieres que te preste un bikini, Juli? – preguntó Kate mientras me rebajaba con la mirada.
Observé mi ropa, tomé un trago al azar y lo acabé.
–Que amable eres Kate – conteste falsamente. –Pero no hace falta porque traigo mi bikini puesto – termine de decir, mientras bajo la atenta mirada de todos me quite el vestido y quede en ropa interior, vi la forma en la que ellos se sorprendían. La lencería que traía puesta de seguro era mucho más costosa que cualquier prenda en esta playa y además me hacía ver sexy y distinta a todas ellas.
Tal vez era el alcohol lo que me hacía comportarme así, pero poco me importaba, solo deseaba pasarla bien y olvidarla. Aunque olvidarla era difícil, es por eso que me conformaba con enloquecer y divertirme.
Camine con mi vestido hacia la fogata y lo arroje viendo como aquel vestido se quemaba.
–¿Ese era un Brazzet? –preguntó sorprendida una de las chicas refiriendose a la marca de aquella costosa prenda, le quité el trago y sonreí.
–A quién le importa – respondí bebiéndolo. Todos comenzaron a decir lo mismo y arrojar parte de sus prendas a la fogata, la gente enloqueció y comenzamos a saltar al compás de la música.
Estaba tomando demasiado, pero no me importaba, ni siquiera cuando quizás eso se volvería un problema.
Hombres y mujeres me observaban con deseo. Me miraban bailar sin perderme de vista, sé que sin siquiera intentarlo era el centro de la fiesta, justo como a mí me gustaba, o tal vez justo como le gustaba a la antigua yo, ya que mientras mi rostro sonreía, mi cuerpo saltaba y mis pies bailaban solo podía pensar en ella, y en la forma en que la deje ir. Quizás debí hacer algo, tal vez… no, no había nada que hacer.
–Eres perfecta – dijo un chico acercándose a mi boca. Le sonreí acercándome a escasos metros de sus labios, iba a besarlo, ya que creía muy en el fondo que aquella sería la única manera de borrar sus rastros, pero no lo hice por el simple hecho de que su boca no era la de ella.
–Lo sé – afirmé alejándome de él.
Sé que mi cuerpo es perfecto, sé que mi rostro también lo es, ¿pero sabes qué es lo más jodidamente perfecto que poseo?. Mi dolor, mi dolor es jodidamente perfecto.
Y ella es la causante de eso, recordarla con amor y deseo no era el camino correcto, ya que aquello no me dejarían soltarla más bien, solo me dañarían aún más. Una vez escuche que del amor al odio hay un solo paso y ese sería el camino que debía tomar, intente pensar en mi mente cada recuerdo malo, cada rechazo, cada mirada con desprecio que me regaló y aquello infecto tan rápido mi amor que el odio que comenzaba a desarrollar hacia ella no fue sorpresa para mí, porque esta si era la verdadera Juliana.
Del amor al odio hay un solo paso y yo ya lo había dado. No pude amarla, entonces quizás deba odiarla.}
Buscaria a cualquier persona en esta fiesta y la haria mia.