Capítulo 2: La noche que conocí a James

1693 Words
Narra Gabriela —Sabes, no estoy muy segura de esto, creo que voy a reconsiderar lo que te dije antes —mencioné al ver el vestido que Alicia me prestaría para ir a la disco. —No seas así, vamos, es de tu talla, es bonito; te quedará bien. Mordí mis labios y volví a mirarlo, sí, es bonito y todo lo que ella dice, pero no es mi estilo; llevo dos años viviendo en una granja donde no me vestía tan descubierta porque ayudaba a atender animales. —Lo sé, pero… Dios, la idea es disfrutar la noche, no estar preocupada porque se me puedan ver los labios va*inales. —Gabriela, que exagerada eres, te pareces a mi mamá. Vamos, mídetelo y luego te digo si se ve algo. —Creo que no me gusta, no tengo que medírmelo para saberlo. Es que… Dios, la última vez que usé algo así fue en mi fiesta de dieciocho, ya mis caderas y piernas crecieron, no me quedará. —No puedo creerlo, me estás tomando del pelo, ¿Cómo que no volviste a usar un vestido desde entonces? —Estaba en una granja, no podía andar en tacones en la tierra, el barro y el estiércol; además, si no sabías, los caballos no se montan con vestidos que están a la altura de tu va*ina. —Pues eso depende, ¿de qué clase de caballo estamos hablando? Porque he visto a unos caballos hermosos, con tatuajes y que huelen a rico. —¡Alicia! —¿Qué? Ya, ve a medirte el vestido. Tomé las dos cuartas de tela que ella me había prestado y me lo puse, creí que no me quedaría porque la cintura se veía algo estrecha, pero me quedó perfecto; si era de mi talla. —¿Y bien? —pregunté bajando la falda del vestido por lo menos para que cubra más debajo de la mitad de mi muslo. —Te lo dije, te queda perfecto. Mira, tienes una linda figura, ¿Por qué no querías probarlo? Te queda precioso. Me miré en el espejo y la verdad me gustaba lo que veía, me sentía demasiado femenina con el puesto. —Sí, me gusta. Pero si levanto la pierna se verá todo, si me inclino también, si me arrodillo igual, si… —Oye, vamos a una disco, no escalar una montaña, estarás bien. Alicia me presta unos tacones negros, la verdad contrastan con el vestido rojo. Como accesorio llevaré un collar alargado para que mis pechos y hombros no se vean tan descubiertos y aretes en forma de candongas. —Te haré el maquillaje, pero luego no te vas a quejar, ¿de acuerdo? Mira la hora y no hay tiempo para hacer otro, el que te haga, ese queda. Asentí sin tener más alternativa, fueron unos veinte minutos más o menos en los que ella estuve haciendo en mi cara, sabrá Dios que cosa. —Tu cabello es demasiado liso, quizás podemos hacer unas ondas en las puntas ¿Qué dices? —Sí, creo que está bien, parece que no tengo derecho a protestar. Pasaron unos cinco minutos y ella me da un último vistazo, haciendo una especie de control de calidad. —Ya puedes verte. Estaba nerviosa, temía que eso que viera no fuera del todo de mi agrado, pero… solté un suspiro y me miré de pies a cabeza con una sonrisa, me sentía la mujer más hermosa del mundo. —¿Y bien? —Me gusta mucho lo que veo —respondí con un brillo en mi rostro. —Eres preciosa, Gaby, siempre lo has sido. El móvil de Alicia empieza a sonar, parece que su cita ha llegado. —Bien, te daré una introducción rápida de él mientras bajamos. Su nombre es David, es abogado, según me dijo, trabaja en el bufete de su padre; lo que vi en sus redes es que es de esos hombres que son de familias con dinero, creo que ya él tenía la vida asegurada desde que aún estaba en los testíc*los de su padre, es de esos tipos refinados y recatados. —Entiendo. —Oh, por favor, no me llames por mi segundo nombre; creo que no le diré mi nombre completo hasta que me pida matrimonio. —¿De qué hablas? —No quiero que sepa que mi segundo nombre es Ramona, Alicia Ramona, no quiero espantarlo con eso. Dios, no sé qué pensaba mi madre cuando quiso honrar a mi abuela sacrificando mi vida con su nombre ¿Por qué no se lo puso a la gata? La gata tiene mejor nombre, Ivet, la gata se llama Ivet y yo me llamo Alicia Ramona. Salimos a la entrada principal del edificio en el que está el departamento de Alicia, afuera estaba un hombre bastante elegante, justo como ella lo describió; al verlo, por alguna razón supe que era lo que ella necesitaba. Alicia es preciosa y el hombre que merece a su lado debe lucir como él. Subimos a su auto y durante el camino, los dos parecían algo nerviosos, desde ese momento supe que haría el mal tercio. Llegamos a una disco que parecía bastante exclusiva, afuera había personas haciendo fila para ingresar, pero tan pronto los de seguridad vieron a Adrián; abrieron paso para nosotros. —Creo que, si me gusta —dice Alicia cerca de mi oreja—. Digo, su físico es precioso; tal como en las fotos, solo me falta interactuar bien con él, espero que cuando abra esa boquita, no dañe todo. Adrián tenía una mesa en el sector VIP, es decir, en el segundo piso de la disco; creo que en atención el hombre tiene un diez. Durante el inicio de la noche traté de no involucrarme en sus conversaciones, la idea es que ellos puedan charlar lo que más se pueda. —Iré un segundo al baño, vuelvo en un momento —dije levantándome de la mesa. Caminé en dirección al baño de mujeres, sentía que muchas miradas caían sobre mí y eso me gustaba, me ponía nerviosa, pero me gustaba. Vi a un grupo de personas subir a esta parte de la disco, las chicas que acompañan a este grupo de hombres se ven muy cotizadas, deben tener una gran inversión en ellas para verse de esa manera. Por andar mirando a estas personas, no me enfoqué en mi camino, por lo que terminé chocando con alguien. —Oh, lo siento, estaba distraída, yo ven… Levanté mi mirada y vi a un hombre bastante atractivo frente a mí. —No, es mi culpa, lo siento —dice él mirando avergonzado—. Lamento arruinar tu vestido. Miré mi vestido y me di cuenta que parte del líquido que llevaba en su copa, cayó sobre mí. —Carajo —solté pasando mis manos encima de las manchas húmedas que se notaban. El hombre saca un pañuelo del bolsillo de su pantalón y me lo extiende. —Toma, trata de limpiarte con esto; de verdad, lo siento mucho. —No, está bien. Seguí mi camino y usé ese pañuelo para tallar la tela, tratando de absorber la humedad. Opaqué el aroma de mi perfume, ahora solo huelo a alcohol. Cuando salí del baño, guardé el pañuelo en mi cartera, hice lo mejor que pude, pero a esto le tomará un tiempo para que se seque. —¿Está todo bien? —preguntan de la nada haciéndome saltar de la impresión. —Dios, que susto. —Lo lamento, no quería asustarte; quería saber si habías logrado… bueno, ya sabes. El hombre de hace un rato estaba afuera esperando por mí. —Hice lo que se pudo —respondí detallando su rostro. —Soy James, un gusto. El caballero extiende su mano hacia mí, la recibo con algo de pena y este al tomarla deja un beso en ella. —Soy…soy Nicol, el gusto es mío. —¿A qué te dedicas Nicol? —Soy contadora —respondí al recordar a las mujeres que vi antes, todas son cotizadas, esta es una zona para personas importantes y quise ser una de ellas, al final no me conoce y no creo que me lo vuelva a topar. —Oh, qué bien, yo soy especialista en finanzas. Asentí a lo que dijo y solté mi mano de la suya. —¿Te parece bien si te invito un trago? Espero que con eso me disculpes por lo de hace un rato. —Claro, siempre y cuando no me lo avientes en mi vestido. El hombre se ríe de lo que digo y me muestra el camino hasta la barra, siendo todo un caballero me permite a mí pasar primero y fue su oportunidad para tocar ligeramente mi cintura. —Nicol, ¿Cuántos años tienes? —Oh, tengo veinticuatro ¿y tú? —Vaya, pensé que eras mayor, yo tengo treinta y tres. Le di un sorbo a mi bebida y sentí que me quemó la boca, era demasiado fuerte; contuve una mueca y lo tragué, por Dios, ¿Cuánto alcohol tiene esto? Juro que pude sentir el recorrido que hizo ese trago hasta llegar a mi estómago. —No eres de por aquí ¿verdad? Nunca te había visto. —Soy de Barcelona, llegué hace poco a Madrid por cuestiones laborales. —¿Te quedarás o vienes de paso? —De paso, en unos días debo irme. Me sentía completamente involucrada en mi papel, era agradable ser otra persona al menos por unas pocas horas. —¿Con quién estás aquí? No me digas que has venido con tu novio. —Vine con mi amiga, la chica de vestido azul en la mesa de fondo —dije señalando a Alicia quien al verme acompañada sonríe y levanta su copa de champaña—. Y no tengo novio, si lo que te preocupa es que aparezca alguien por ahí. —Bien, entonces, eso quiere decir que puedo robarte toda la noche ¿verdad? Miré a James y este muerde sutilmente su labio mientras levanta una de sus cejas. Madre mía, no puedo creerme esto. Creo que la fiesta me empieza a parecer divertida.
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