Con la luz del amanecer internándose por la ventana de la habitación, los rayos del sol iluminaron directamente en la cama, iluminando el cuerpo sudoroso de un cansado Spencer quien rebotaba sobre la polla de su pareja, con sus manos apoyadas en el pecho de su alfa para darse más impulso. Pequeños lamentos caían de los labios del omega, sintiendo un placer doloroso recorrer su cuerpo con cada salto que daba, dejándose caer sin cuidado sobre el m*****o de su pareja. El tiempo había perdido el sentido para Spencer en ese momento, con su cuerpo siguiendo el calor de su alfa, su mente estaba tan llena de desesperación y placer que a momentos sentía que flotaba sobre una esponjosa nube, mientras que en otros tenía la sensación de que caía sin remedio. En ese mismo momento, el omega se sentía

