Suspiré cuando vi a Alonso y Bianca correr a tomar la mano de Zaid, sonriendo a la fuerza cuando voltearon a mirarme confundidos. Me acerqué a los tres y me puse a la altura de mis hermanos mientras Zaid nos miraba con las manos en los bolsillos. —¿No irás con nosotros? —Esta vez no. Pero Zaid los acompañará. —¿Y no pueden ir los dos? —urgió Alonso, batiendo sus largas pestañas de arriba a abajo. —No, mi vida. —Toqué la punta de su nariz con mi dedo índice—. Hoy tengo cosas que hacer, pero estoy segura de que lo pasarán muy bien sin mí. Vamos juntos casi todos los fines de semana, no creo que un día sin mí sea tan terrible, ¿verdad? —No —respondieron al unísono, sin parecer lo suficientemente convencidos. —Oigan, no se pongan así. —Levanté sus caritas con cada una de mis manos y

