Una mujer los esperaba con collares de flores en las manos. Colocó uno alrededor del cuello de cada uno con un alegre —Aloha—. La expresión en el rostro de Claire fue impagable. Sus ojos marrones brillaron bajo sus gafas de sol, y saltaron de un lado a otro, explorando el paisaje que los rodeaba con una mezcla de asombro y alegría contenida. Apenas cerraron la puerta del vehículo que los llevaría al hotel, Claire se detuvo, aún maravillada. Luego se giró hacia Neil, y su sonrisa desapareció por completo. —Espera... ni siquiera tengo ropa. Neil se metió la mano en el bolsillo, sacó su billetera y de ella extrajo su tarjeta negra. Se la tendió sin pensarlo dos veces. —Eso ya está resuelto. Compra lo que necesites: ropa, zapatos, souvenirs, comida… lo que se te antoje. Y algo para el beb

