Claire todavía no podía creerlo. Se había ido a Hawái. Con Neil. Cuatro días sin dormir juntos, sin besos robados ni caricias atrevidas… y, sin embargo, se sentía más cerca de él ahora que después de aquella noche en el bar, cuando fingía ser Marie. Su mano se deslizó sobre su estómago. Apenas una curvatura, algo que cualquiera más podría atribuir a todas las comidas deliciosas del fin de semana, pero no ella. No ahora. Sabía que era su pequeña fresa. Su bebé. Creciendo un poquito más cada día. Un cosquilleo emocionado le revoloteó en el pecho. La próxima cita médica no parecía tan aterradora ahora que había sobrevivido a la primera. El libro que tenía abierto sobre el escritorio decía que, a partir de ahora, todo sería más fácil. Hasta que su teléfono vibró. El nombre Dr. Foster ap

