Cerró los ojos, inhaló por la nariz y exhaló lentamente por la boca, una técnica que su terapeuta le había enseñado para cuando el estrés lo desbordaba. Curioso. Nunca la había usado hasta ahora. Después de vaciar sus pulmones, dio media vuelta y salió de su oficina. La puerta de la oficina de Claire estaba entreabierta, con luz irradiando hacia el pasillo oscuro. Se detuvo. El corazón le golpeaba el pecho más fuerte que durante cualquier entrenamiento. Sintió el sudor asomando en su frente y tragó con dificultad. La boca seca. —Bueno, mira quién volvió —dijo una voz detrás de él—. El señor Secretos regresando de la gran ciudad. La voz de Claire, cargada de sarcasmo, lo sobresaltó. Se dio vuelta justo a tiempo para verla salir de la sala de descanso, taza de café en mano. Exhaló el

