Neil estaba junto a la ventana. La luz del sol se filtraba a través del cristal, dándole un halo dorado. Neil no era un ángel, pero Claire podía admitir que ese brillo le sentaba bien. Cada mirada le sentaba bien. Era realmente molesto. Solo una vez, le gustaría verlo luciendo mal. Desaliñado. Terrenal. Le tendió una botella de agua. —Me tomé la libertad de sacar esto de esa pequeña habitación que llamas cocina. Pensé que podrías tener sed. Bueno, eso fue... ¿agradable? —No todos podemos tener cocinas de última generación —respondió Claire, mientras tomaba la botella y la destapaba. Dio un trago profundo. El descaro. ¿Cómo se atrevía ella a tener razón? Claire volvió a tapar el agua y se cruzó de brazos. Si se ponía de pie, parecería intimidada. Así que se quedó sentada. —¿Cómo sab

