Cap. 6 La mazmorra

1397 Words
Habiendo terminado la sesión de tortura de hoy y al borde de quedar inconsciente nuevamente, creo escuchar al rey decir algo sobre que me lleven a la mazmorra y algo sobre ocuparse de otros asuntos, lo escucho ladrar ordenes sobre “limpiar la porquería”. El verdugo retira las amarras que me sujetaban desde las esposas al bloque de concreto y por fin cierta tensión se libera de mis brazos. Entre el tipo alto y fornido de antes y el verdugo, me levantaron tomándome de los brazos tratando de no tocar ninguna de las heridas que dejó el látigo, ya que aún había restos de la infusión de matalobos en mi piel, por aquí y por allá. Ahora sin guantes, puedo sentir las callosas y asquerosas manos sudadas del verdugo, como si no fuera ya suficiente con el asco que siento por el olor de la hierba, casi vomito con su tacto. Al ponerme en pie y bajar los brazos, el palpitar que sentía en los dedos de la mano derecha se incrementó, lógicamente la presión en ellos tambien lo hizo e intensificó la sensación de un sin fin de chuzones en mis pobres dedos. El movimiento de los músculos de la espalda fue espantoso, como si se estuvieran desgarrando aún más. Me abrumó el pensamiento de que en cualquier momento un pedazo de mi carne caería al suelo, tropecé con mis propios pies y casi caigo al suelo de no ser por el enorme brazo que me sujetó por el abdomen y apretó su agarre en mi brazo, rápidamente el tipo alto me subió sobre su hombro cargándome boca abajo. Me llevó con bastante facilidad, rápidamente alcanzó una puerta grande en uno de los extremos del salón, al llegar a ella unas empinadas esclareas anchas esperaban con una iluminación mediocre, bajamos por lo que parecieron ser varios pisos, uno cada vez más frio que el otro. En el camino nos topamos con sirvientes los cuales no podían quitar su aterrada expresión, incluso algunos volteaban para volver a verme, llamó mi atención en particular una mujer muy anciana, llevaba su uniforme ya muy gastado y sus manos ocupadas con limpiones, en su rostro principalmente lleno de sorpresa al verme pasaron muchas emociones en un instante, confusión, enojo y en especial sus ojos reflejaban una profunda aflicción que llenó mi corazón de nostalgia, oculte mi rostro cuando un océano de lagrimas amenazaban con salir, la anciana con expresión consternada continuó titubeante su camino. Me trajeron al último piso en la parte inferior, entramos a un pasillo construido en lo que pareciera ser roca y luego llevamos a un portón de hierro enorme clavado en esa misma roca, pasamos unos guardias y nos aventuramos entre el laberinto de pasillos oscuros, llegamos a un hueco en la pared, me tomó un par de largos segundos adaptarme a la oscuridad, sin mis habilidades, apenas y lograba ver que delante estaría la celda que me “hospedaría cálidamente” durante mi condena. El hombre me bajo de sus hombros y me dejó de pie sobre el irregular suelo en el centro del agujero que supone ser una celda, cerró la reja y se retiró en silencio, sin decir nada, sin dejar ni una sola luz encendida, nada. Me deje caer al suelo mientras sentía que lentamente tambien me zambullía en la realidad de mi situación y esta me cubría más allá de mi cabeza, me presionaba fuertemente el pecho, me atoraba la garganta, me asfixiaba, tanto como lo hacía la misma oscuridad a mi alrededor. Pesada y torpemente trataba de respirar cuando la represa que contenía mi llanto se rompió, entre horribles sollozos, gritos y lamentos desahogue toda la desesperación, no volvería nunca más a mi vida en el mundo humano, no volvería a ver a mamá nunca más y por su bien que asi sea, no volveré a ver a mis amigos, mis niños. Abracé mis piernas y hundí mi rostro entre ellas, me permití sentir y llorar todo lo que necesitara. En algún momento me quedé dormida, fui despertada por el chirrido de la reja de la celda al abrirse y volver a cerrar, el destello de la luz de una vela me encandiló la vista y solo podía distinguir medianamente una silueta femenina delante de mí. –Jovencita traje comida, por favor tranquilícese –susurró, adaptándome a la luz pude observar que se trataba de la anciana que me habia encontrado en las escaleras, trató de tranquilizarme ya que cuando entró a la celda me escurrí como un pobre gusano contra un rincón. –Soy Jasmine, por favor permítame, vengo a cuidarla –continuó hablando en un susurro tan suave que tuve que calmarme para poder escucharla. Jasmine puso el candelero en el suelo como pudo para que este no se cayera ya que la roca era irregular, depositó una fiambrera y traía una bolsa de tela. –Seguro debes tener hambre –con una pequeña sonrisa iba abriendo la fiambrera y liberando un delicioso olor a sopa de pollo que me hizo agua la boca, lentamente me acerque a ella y me entregó un gran tazón de una sustanciosa sopa. Jasmine se sentó a mi lado observándome mientras devoraba sin modales la exquisita comida que habia traído ¿será esta mi última cena? –Escuche todo lo que te paso, la sentencia que decretó el rey –se quebró su voz –, lo lamento mucho –dijo mientras me examinaba y yo a ella, Jasmine estaba ya entrada en años, su cabello era n***o, pero bastante lleno de canas, de rostro redondo con ojos de un color muy oscuro, tambien tenía en sus ojos bolsas y ojeras, era robusta, de piel canela y probablemente de una estatura más baja que yo. –¿Cómo te llamas? –preguntó aun examinándome. –Soy Emma –pongo el tazón vacío sobre el suelo mirándola, algo en esta señora me llamaba la atención, pero no logro captar qué es. –¿Cómo se llaman tus padres? –se inclinó hacia mí. –Eran Michael y Silvi White –sin pensarlo dije los nombres reales de mis padres, los ojos de Jasmine se abrieron y una expresión de sorpresa llenó su arrugado rostro. –¿eran? –repitió con miedo– sé que soy muy atrevida al preguntar, pero –titubeó– ¿podrías describirme a tu madre? –se podía ver la lucha que habia en su mirada. –Ella era muy alta, de contextura delgada como yo, tenía el cabello mas largo y suave que pude conocer, tambien era tan oscuro como la obsidiana, tenía ojos verde pardo, su piel era morena y siempre me reí de ella por que tenía un lunar que parecía una nube esponjosa –cuide de hablar en pasado por que supuestamente ella falleció, pero al recordar a mamá simplemente me deje llevar, y por el rostro afligido que puso la señora siento que hable demasiado. Jasmine cayó al suelo de rodillas sollozando. –¿Su olor era como de almendras y chocolate? –entre el llanto me miró con tal suplicio que me rompió el corazón, ella conocía a mamá. –¿La conocías? –dije suavemente y reflexionando si decirle la verdad o no, Jasmine asintió y lloró desconsoladamente. –Era mi hija –pudo decir entre llantos–, percibí levemente su olor en ti cuando nos encontramos en las escaleras, y ese broche en tu cabello era suyo, se lo regaló la reina Leticia cuando Silvi encontró a su compañero, Mika White –contó Jasmine luchando con el llanto. Corrí hacia ella para abrazarla y aún con las muñecas esposadas, la atrapé entre mis brazos, siguió llorando contra mi pecho, ya entiendo por qué ella me resultaba familiar, comparte rasgos con mamá. –Jasmine –me decidí decirle–, siento mucho hacerte pasar por esto, pero mamá si está viva –susurre lo mas suave que pude en su oído y ella detuvo su llanto– dije eso por que la princesa Amelia preguntó por ella y asumí que sería para arrestarla tambien, pero mamá sigue en el mundo humano –continue susurrando– por favor no vayas a decir nada, no imagino lo que podrían hacerle –Jasmine dio un respingo al escucharlo, levantó su rostro, más tranquila y me miro con ojos llenos de dulzura, asintió.
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