*Narra Mónica*
En la tarde abrí cuando tocaron la puerta. Sonreí.
── hola cariño.
── hola preciosa.
Me dió un beso pequeño y pasó. Lo seguí hasta el salón. Me senté a su lado.
── ¿aún sigues preocupada?
── sí, quiero que se lleven bien los dos.
── lo dudo mucho Mónica, si ya contigo que eres su madre se lleva mal, imagínate conmigo.
── pero Alex -me interrumpió.-
── está bien, haré lo que sea para que nos llevemos bien.
── vale -dije sonriendo.-
*Narra Lila*
Papá me dejó en el instituto. Caminé hacia adentro a paso lento. Cuando me aseguré de que se marchó me devolví y cogí el móvil.
── estoy fuera, sal.
Le puse a Madison. Lo leyó. Salió minutos más tarde.
── haremos peyas -la cogí de la mano y nos alejamos de la entrada.-
── que bueno, no me apetecía ir a clase de inglés.
Fuimos a una cafetería. Ambas pedimos unos batidos.
── ¿qué? ¿ya conociste al novio de tu madre?
── no me toques ni el tema, no me apetece hablar de eso.
── vale.
── ¿salimos esta noche? necesito despejarme un poco.
── está bien.
En la noche papá me llevó a la discoteca donde quedé con Madison.
── me llamas para que venga a buscarte.
── sí.
Saludó a la madre de Madison y esta luego se marchó.
── casi no me deja venir porque es lunes, pero sabe que necesito despejarme después de lo de Mónica, solo me ha dicho que no tome mucho.
── mi madre también me ha dicho lo mismo.
Nos bebimos varios tragos y luego estuvimos en la pista hasta que nos vinieron a buscar.
.
Al día siguiente estaba distraída en clase, en realidad estuve distraída el resto de los días, no dejaba de pensar en que el tipo ese podría ser como mi hermano, ¿en qué cabeza cabe tener un novio que parece su hijo?
.
── no me lleves.
── Lila, no empecemos -me crucé de brazos y miré por la ventana.-
── pues si antes le hacía la vida imposible a Mónica, ahora se la haré más.
── ¿por qué te comportas como una niña, Lila?
── porque ella tiene un novio que parece un niño.
── ese no es asunto tuyo.
── vaya -lo miré.- ¿quieres hacerte amigo de la pareja de tu ex mujer?
── no es eso Lila, si Mónica ha decidido tener una pareja más joven que ella -lo interrumpí.-
── muchísimo más joven.
── pues muchísimo más joven, es asunto suyo, no nuestro.
── Mónica lo que es, es una asaltacunas.
── ¡Lila!
── ¡ay! ya -resoplé.-
── mejor cállate.
No hablé el resto del camino hacia casa de Mónica.
Al llegar desabroché mi cinturón y cogí la mochila.
── hasta el lunes, cariño.
No le respondí y bajé.
── Lila, te estoy hablando.
Cerré la puerta y me alejé. Lo escuché hablarme pero no me giré a verlo.
Toqué la puerta de Mónica y esperé unos minutos.
Cuando abrió pasé directa y fuí hacia las escaleras. Subí corriendo y entré a mi habitación.
En la tarde escuché que tocaron el timbre, pero no le presté atención, ya podía imaginarme quién era.
A la hora de cenar la escuché gritar mi nombre. Rodé los ojos y bajé a paso lento. Su novio estaba sentado en la mesa, habían tres platos y la cena estaba en medio.
── ¿qué?
── ya vamos a cenar.
La miré sonriendo.
── ¿pretendes que yo, cómo una hipócrita me siente a cenar con ustedes como si nada? estás muy equivocada, Mónica.
── Lila -lo interrumpí.-
── y tú cállate, nadie te ha dado vela en este entierro. No me voy a sentar ahí como si fuéramos una familia, porque déjame decirte, pareces su hijo y no su novio.
── Lila -la interrumpí.-
── déjame en paz, Mónica.
Subí corriendo.
Cogí el ordenador y puse música, necesitaba pensar en otra cosa.
Más tarde abrieron la puerta, miré.
── ¿nadie te enseñó a tocar la puerta, idiota?
── ¿por qué le hablas así a tu madre?
── a ver -me quedé mirándolo esperando a que dijese su nombre.-
── Alex.
── a ver Alex, ella se buscó que le hablara así desde que destruyó mi familia, a parte, no es asunto tuyo. Mejor búscate a una de tu edad, ¿cuántos años tienes?
── diecinueve.
── te lleva dieciocho años, por dios.
── yo la quiero Lila, y no es asunto tuyo si quiero estar con ella. Lo mejor que podemos hacer los dos es tratar de llevarnos bien delante de Mónica, solo quiero eso.
── ajá.
Me miró una última vez y se marchó. Me paré y cerré la puerta.
── ya verás que sí, nos llevaremos como la Trucha y el Mero.