Los días siguientes al enfrentamiento con Valeria fueron tensos. Aunque la confrontación había sido un primer paso necesario, Sara y Diego sabían que no podían bajar la guardia. Valeria no se quedaría de brazos cruzados, y la presión en la escuela continuaba.
Una tarde, después de las clases, Sara, Diego y Nicolás se reunieron en la biblioteca para discutir su próximo movimiento. La sala estaba casi vacía, proporcionando el lugar perfecto para una conversación seria.
—No podemos simplemente esperar a que Valeria haga su próximo movimiento —dijo Diego, mirando a sus amigos con determinación—. Tenemos que actuar.
—Estoy de acuerdo —respondió Sara, asentando—. Pero ¿cómo? No podemos seguir reaccionando. Necesitamos un plan.
Nicolás, que había estado pensando en silencio, finalmente habló.
—Podríamos exponerla. Si la gente se da cuenta de lo que está haciendo, perderá el control que tiene sobre ellos.
Sara lo miró con interés.
—¿Cómo hacemos eso sin parecer que estamos en una guerra abierta? No queremos empeorar las cosas.
Diego asintió, considerando las opciones.
—Podemos recopilar pruebas. Mensajes, testimonios de otros estudiantes que hayan sido manipulados por ella. Si logramos reunir suficiente información, podríamos llevarla a la dirección de la escuela.
—Sí, pero tenemos que ser cuidadosos —advirtió Nicolás—. Valeria tiene muchos amigos y algunos de ellos pueden intentar protegerla.
Sara suspiró, sintiendo el peso de la situación.
—No tenemos otra opción. Necesitamos demostrar que no vamos a permitir que nos manipule.
Esa noche, Sara comenzó a enviar mensajes a algunos de sus compañeros de clase, aquellos en quienes sabía que podía confiar. Les explicó la situación y les pidió que compartieran cualquier información que tuvieran sobre las acciones de Valeria. La respuesta fue abrumadora. Varios estudiantes habían sido víctimas de sus intrigas y estaban dispuestos a hablar.
Durante los siguientes días, Sara, Diego y Nicolás trabajaron juntos para reunir toda la información posible. Archivos de mensajes, capturas de pantalla y testimonios escritos comenzaron a acumularse. A medida que avanzaban, se dieron cuenta de que Valeria había hecho más daño del que inicialmente pensaban.
Finalmente, llegó el día de presentar su caso. Con toda la evidencia en una carpeta, los tres se dirigieron a la oficina de la directora. La secretaria los miró con curiosidad, pero los dejó pasar después de que Diego le explicó la gravedad de la situación.
La directora, la Sra. González, los recibió con una expresión preocupada.
—¿Qué puedo hacer por ustedes, chicos?
Sara tomó una respiración profunda y comenzó a explicar todo desde el principio. Detalló cómo Valeria había estado manipulando y difundiendo rumores, afectando no solo su relación con Diego, sino también a muchos otros estudiantes.
La Sra. González los escuchó atentamente, revisando la carpeta con la evidencia mientras hablaban. Cuando terminaron, se quedó en silencio por un momento, procesando la información.
—Esto es muy serio —dijo finalmente—. Agradezco que hayan venido a mí con esto. Tomaré medidas de inmediato.
Sara, Diego y Nicolás se sintieron aliviados, pero sabían que esto era solo el comienzo. La Sra. González les prometió que investigaría y tomaría las acciones necesarias para asegurarse de que Valeria enfrentara las consecuencias de sus acciones.
Al salir de la oficina, Diego tomó la mano de Sara.
—Lo logramos. No fue fácil, pero hicimos lo correcto.
Sara sonrió, sintiendo una mezcla de alivio y esperanza.
—Sí, y ahora tenemos que esperar y ver qué pasa. Pero al menos sabemos que hicimos todo lo posible para detenerla.
Nicolás asintió, contento de haber podido ayudar a sus amigos.
—Y recuerden, pase lo que pase, siempre estaré aquí para ustedes.
Con una nueva sensación de unidad y determinación, Sara, Diego y Nicolás se prepararon para enfrentar lo que vendría. Sabían que el camino aún podía ser difícil, pero estaban listos para enfrentarlo juntos.