RUMORES Y REALIDADES

761 Words
Los días siguientes fueron una prueba de paciencia y confianza para Sara y Diego. El rumor sobre Valeria y su grupo planeando separar a la pareja se extendió rápidamente por la escuela. Cada vez que Sara entraba a una clase o caminaba por los pasillos, sentía las miradas y escuchaba los susurros. Pero, con cada desafío, su determinación de no dejar que nada los separara se fortalecía. Un martes, durante el almuerzo, Sara y Diego se encontraron con una sorpresa desagradable. Sentados juntos en su mesa habitual, Diego recibió un mensaje en su teléfono. Al leerlo, su expresión cambió a una mezcla de confusión y enojo. —¿Qué pasa? —preguntó Sara, preocupada. Diego le mostró su teléfono. Era un mensaje anónimo, lleno de insinuaciones maliciosas sobre Sara y Nicolás. —Mira esto. Están tratando de hacerme dudar de ti, Sara —dijo Diego, apretando los dientes. Sara leyó el mensaje, sintiendo cómo su estómago se retorcía. Era obvio que Valeria y su grupo estaban detrás de esto, intentando sembrar la discordia. —No puedes dejar que esto te afecte, Diego. Sabes que no hay nada entre Nicolás y yo —dijo Sara, intentando sonar más segura de lo que se sentía. Diego tomó una respiración profunda y asintió. —Lo sé, Sara. Confío en ti. Solo me molesta que estén intentando manipularnos de esta manera. —Tenemos que ser más fuertes que ellos. No podemos dejar que sus juegos nos afecten —respondió Sara, tomando la mano de Diego. Decididos a no dejar que los rumores los afectaran, Sara y Diego pasaron el resto del día más unidos que nunca. Sin embargo, la presión seguía aumentando, y ambos sabían que tendrían que enfrentarse a Valeria tarde o temprano. Esa tarde, mientras Sara estudiaba en la biblioteca, recibió un mensaje de Nicolás: "¿Podemos hablar? Es urgente." Sara sintió una punzada de preocupación, pero decidió responder: "Claro, Nicolás. Estoy en la biblioteca." Pocos minutos después, Nicolás apareció, con una expresión seria en su rostro. Se sentó frente a Sara y bajó la voz. —Sara, he escuchado más cosas sobre lo que Valeria y su grupo están planeando. Están tratando de hacer que Diego crea que tú y yo estamos involucrados románticamente. Sara sintió una oleada de frustración y enojo. —Esto es ridículo. No pueden seguir jugando con nuestras vidas así. —Lo sé, y quiero ayudarte a detenerlos —dijo Nicolás con determinación—. Tenemos que enfrentar a Valeria y dejar claro que no vamos a tolerar sus mentiras. Sara asintió, sintiendo que era la única opción. No podían seguir permitiendo que Valeria y su grupo manipularan la situación. Al día siguiente, Sara y Nicolás buscaron a Diego antes de clases y le explicaron su plan. Diego estuvo de acuerdo, decidido a poner fin a las intrigas de Valeria. Durante el recreo, los tres se dirigieron hacia donde Valeria y su grupo solían reunirse. Al verlos acercarse, Valeria levantó una ceja, claramente intrigada. —Vaya, ¿qué tenemos aquí? —dijo Valeria con un tono burlón. Sara, con la cabeza en alto, dio un paso adelante. —Valeria, sabemos lo que estás haciendo. Los rumores, los mensajes anónimos, todo. Es suficiente. Valeria sonrió, pero sus ojos destellaban de irritación. —¿Y qué van a hacer al respecto? —Vamos a aclarar todo de una vez por todas —dijo Diego, su voz firme—. Sara y yo confiamos el uno en el otro. Nada de lo que digas o hagas cambiará eso. Nicolás dio un paso adelante también. —Y para que quede claro, no hay nada entre Sara y yo más allá de una amistad. Deja de intentar sembrar discordia donde no la hay. La sonrisa de Valeria se desvaneció y sus amigos comenzaron a murmurar entre ellos, claramente incómodos. Valeria frunció el ceño, pero no dijo nada más. Sara sintió una ola de alivio y fuerza. Sabía que esto no resolvería todos los problemas de inmediato, pero era un paso importante. Habían enfrentado a Valeria y dejado claro que no se dejarían manipular. Más tarde, Sara y Diego se encontraron a solas en el parque. Diego la miró con admiración y cariño. —Estoy muy orgulloso de ti, Sara. Fuiste increíble hoy. Sara sonrió, sintiendo que habían superado una gran prueba. —Lo hicimos juntos, Diego. Nada puede separarnos mientras confiemos el uno en el otro. Diego la abrazó, y en ese momento, Sara supo que, sin importar lo que ocurriera, estarían bien. Juntos, podían enfrentar cualquier desafío que se les presentara.
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