La nueva relación entre Sara y Diego se convirtió rápidamente en el tema de conversación de la escuela. Aunque la mayoría de sus amigos los apoyaban, algunos miraban con curiosidad y otros con envidia. La atención repentina era un desafío inesperado, pero Sara y Diego estaban decididos a enfrentarlo juntos.
Una mañana, mientras caminaban juntos hacia su primera clase, se encontraron con un grupo de estudiantes que susurraban y los miraban con interés. Sara se sentía incómoda bajo sus miradas, pero Diego le apretó la mano, brindándole apoyo.
—No les prestes atención, Sara. Solo están siendo curiosos —le susurró Diego.
—Lo sé, pero aún así es un poco abrumador —respondió Sara.
Diego sonrió, intentando animarla.
—Nos acostumbramos. Lo importante es que estamos juntos.
Al llegar a su clase, encontraron a Nicolás sentado en su asiento habitual. Desde que Sara y Diego habían comenzado su relación, Nicolás había mantenido su distancia, aunque seguía siendo cordial. Ese día, sin embargo, Sara notó una sombra de tristeza en sus ojos.
Durante el recreo, Sara decidió hablar con él. Se acercó a la mesa donde Nicolás estaba sentado solo, leyendo un libro.
—Hola, Nicolás —saludó con una sonrisa.
Nicolás levantó la vista y le devolvió la sonrisa, aunque de forma algo forzada.
—Hola, Sara. ¿Cómo estás?
—Bien, gracias. Quería saber cómo estabas tú —dijo Sara, sentándose frente a él.
Nicolás suspiró y cerró el libro.
—Estoy bien, Sara. Solo necesitaba un poco de tiempo para adaptarme a la situación. Me alegra que tú y Diego estén felices.
Sara apreció su sinceridad.
—Gracias, Nicolás. Aprecio que lo entiendas. No quiero que nuestra amistad cambie.
Nicolás asintió.
—Nuestra amistad es importante para mí, Sara. Y aunque al principio me costó aceptarlo, quiero que sepas que siempre estaré aquí para ti.
Sara sonrió, sintiendo un alivio genuino.
—Gracias, Nicolás. Eso significa mucho para mí.
Después de esa conversación, Sara sintió que las cosas estaban volviendo a la normalidad. Sin embargo, no todos estaban tan dispuestos a aceptar su relación con Diego.
Unos días después, mientras Sara estaba en la biblioteca, recibió un mensaje en su teléfono. Era de una de las chicas más populares de la escuela, Valeria, conocida por su actitud competitiva.
"Necesitamos hablar. Encuéntrame en el patio trasero después de clases."
Sara sintió un nudo en el estómago, pero decidió enfrentarse a lo que fuera que Valeria tuviera que decir. Después de clases, se dirigió al patio trasero, encontrando a Valeria esperándola, con los brazos cruzados y una expresión seria.
—Sara, gracias por venir —dijo Valeria, sin preámbulos.
—Hola, Valeria. ¿De qué querías hablar? —preguntó Sara, intentando mantener la calma.
Valeria la miró fijamente antes de hablar.
—Escucha, no sé qué ves en Diego, pero es mejor que sepas que no todos en la escuela están contentos con ustedes dos juntos. Hay personas que creen que Diego debería estar con alguien como... bueno, alguien como yo.
Sara sintió que su rostro se enrojecía de rabia y frustración.
—Valeria, Diego y yo estamos juntos porque queremos, no porque a otros les parezca bien o mal. No creo que tengamos que justificar nuestra relación ante nadie.
Valeria levantó una ceja, claramente sorprendida por la respuesta de Sara.
—Muy bien, Sara. Solo quería que supieras dónde te estás metiendo. No será fácil.
Sara la miró fijamente.
—Nada que valga la pena es fácil, Valeria. Gracias por tu consejo, pero Diego y yo podemos manejarlo.
Con eso, Sara se dio la vuelta y se alejó, su corazón latiendo con fuerza. Sabía que habría desafíos, pero estaba decidida a no dejar que nada ni nadie se interpusiera entre ella y Diego.
Esa noche, Sara le contó a Diego sobre su encuentro con Valeria. Diego la escuchó atentamente, su expresión cambiando de preocupación a determinación.
—No dejaremos que nada ni nadie nos separe, Sara. Siempre habrá personas que no entiendan o no aprueben, pero lo que importa es lo que sentimos el uno por el otro.
Sara asintió, sintiendo una oleada de amor y gratitud por Diego.
—Tienes razón. Juntos podemos superar cualquier cosa.
Diego sonrió y la abrazó, y en ese momento, Sara supo que, aunque el camino no sería fácil, estaba con la persona adecuada para enfrentarlo. Juntos, podían manejar cualquier desafío que se les presentara.