CELOS

652 Words
El fin de semana pasó rápidamente, pero el lunes trajo consigo una tensión palpable. Desde el momento en que Sara entró a la escuela, sintió las miradas curiosas de sus compañeros. Parecía que la noticia de la invitación de Nicolás había circulado rápidamente. No le tomó mucho tiempo darse cuenta de que Diego también había oído hablar del asunto. Durante el almuerzo, Sara se sentó en su mesa habitual, esperando que Diego apareciera. Cuando finalmente llegó, notó que su comportamiento era diferente. Se sentó frente a ella, pero en lugar de su sonrisa habitual, llevaba una expresión seria. —Hola, Diego —saludó Sara, intentando sonar casual. —Hola, Sara —respondió Diego, sin mirarla directamente. La incomodidad en el aire era evidente. Sara intentó romper el hielo. —¿Cómo estuvo tu fin de semana? —Bien —respondió Diego, cortante. Sara suspiró, sabiendo que no podía evitar el tema por más tiempo. —Diego, ¿estás bien? Pareces molesto. Diego finalmente levantó la vista y la miró a los ojos. —Sara, ¿qué pasa con Nicolás? —preguntó directamente—. Escuché que te invitó al cine. Sara se sonrojó ligeramente. —Sí, me invitó, pero no fui. Le dije que estaba ocupada. Diego parecía aliviado por un momento, pero luego su expresión se endureció de nuevo. —Es solo que... me preocupa que esté intentando algo contigo. No quiero que te sientas presionada o incómoda. Sara sintió una mezcla de gratitud y frustración. Entendía la preocupación de Diego, pero también sentía que podía manejar la situación por sí misma. —Gracias por preocuparte, Diego, pero puedo manejarlo. Nicolás ha sido amable conmigo, y no quiero juzgarlo sin razón. Diego suspiró, relajándose un poco. —Lo entiendo, Sara. Solo quiero asegurarme de que estés bien. Me importas. Esas últimas palabras hicieron que el corazón de Sara se acelerara. Antes de que pudiera responder, Nicolás apareció en la mesa, con su sonrisa habitual. —Hola, Sara. Diego —saludó, ignorando la tensión en el aire—. Sara, ¿has pensado en lo que hablamos el otro día? Tal vez podríamos hacer algo después de clases esta semana. Diego apretó los puños, claramente molesto. Sara, sintiendo la presión de ambos lados, intentó calmar la situación. —Nicolás, como te dije, estoy bastante ocupada esta semana. Tal vez en otro momento. Nicolás no pareció inmutarse. —Claro, no hay problema. Solo quería asegurarme. Nos vemos luego. —dijo, y se alejó. Diego lo observó marcharse, su mandíbula tensa. —No me gusta ese tipo, Sara. Hay algo en él que no me parece correcto. Sara suspiró, sintiéndose atrapada entre dos mundos. —Diego, solo quiero que las cosas vuelvan a ser como antes. No quiero que esto afecte nuestra amistad. Diego la miró con una expresión más suave. —Yo tampoco, Sara. Solo necesito saber que estás bien. Prométeme que si algo te incomoda, me lo dirás. Sara asintió, sintiéndose un poco mejor. —Lo prometo, Diego. El resto del día transcurrió sin incidentes, pero la tensión entre Sara, Diego y Nicolás seguía latente. Cada vez que veía a Nicolás en los pasillos, sentía una mezcla de curiosidad y preocupación. ¿Qué quería realmente? ¿Y cómo afectaría esto a su relación con Diego? Esa noche, mientras Sara se preparaba para dormir, no pudo evitar pensar en los sentimientos de Diego. Su preocupación era evidente, pero también lo era el afecto que sentía por ella. ¿Podría ser que Diego compartiera sus sentimientos? La incertidumbre la mantenía despierta, preguntándose qué rumbo tomarían sus corazones en los días por venir. Sara sabía que debía enfrentar sus sentimientos y las circunstancias que la rodeaban. No podía seguir evadiendo lo que sentía por Diego, ni ignorar la presencia constante de Nicolás. Con determinación, se prometió que aclararía todo, por difícil que fuera. Solo así podría encontrar la paz y la claridad que tanto anhelaba.
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