Luego de casi media hora, Hannah esperaba en recepción a su amigo. Lo cierto del caso era que, pese a decirle e insistirle por teléfono que no fuera a verla, le hacía falta charlar con él. No sabía porqué, pero había algo en Harry que provocaba una sensación de tranquilidad y estabilidad que nunca en su vida había experimentado. Con él se sentía plena, segura y en paz, Harry y su presencia provocaban que ella se relajara y se olvidase de todo lo malo que en algún momento había vivido.
Tras unos minutos mirando hacia la puerta, se hizo a la idea de que quizás, él no había querido ir hasta allí, después de todo había rechazado la invitación a una fiesta por su cansancio, lo cual ya decía bastante bien cómo se encontraba, entonces probablemente luego de cortarle se habría replanteado la idea y se prepararía para dormir tranquilamente en su casa. No estaba en la obligación de verla. Sin embargo, había algo más que la tenía pensativa, él nunca decía algo y luego no lo hacía, por el contrario, Harry siempre cumplía todo lo que decía.
- ¡Hola! - escuchó de repente esa voz que tan bien conocía y fue entonces que levantando la cabeza se encontró con sus ojos.
- ¡Hola! - saludó mientras una sonrisa aparecía en su cara, era sumamente grato verlo de nuevo - ¡Sí viniste! - dijo sintiendo una extraña emoción en su cuerpo al tenerlo frente a ella.
- Pues claro que vine - declaró él con obviedad, mirando su rostro con atención - Te dije que lo haría, ¿o no? - preguntó ante lo que ella solo pudo rodar los ojos - ¡Pues aquí estoy! Yo siempre cumplo lo que digo.
- Ya lo veo, es sorprendente la verdad - asintió.
- Supongo que sí - suspiró y luego, recordando lo que había comprado, levantó las bolsas para que ella pudiera verlas y preguntó - ¿te apetece tomarte un descanso? traje algo que de seguro te va a encantar.
- ¿En serio? ¿sabes qué hora es? - respondió con diversión.
- ¡Claro que lo sé! Son las 12:30 p.m - rodó también los ojos en su usual gesto de arrogancia ante algo que ya sabía - Me demoré porque no encontraba nada abierto, tuve que recorrer media ciudad para encontrar lo que estaba buscando.
- No te estoy recriminando si es lo que piensas - aclaró ella con una mirada de reproche - Simplemente estoy comentando que es bastante cómica tu hora para comer, teniendo en cuenta que dices: ¡Te va a encantar lo que compré!
- No lo dije de esa forma - refutó.
- Lo sé, es lo mismo pero con otras palabras - asintió.
- Bueno, ya entendí - suspiró exageradamente provocando que ella sonriera - ¿Quieres ir a la cafetería conmigo o no? la verdad me vas a lastimar los sentimientos si me rechazas, más teniendo en cuenta cuánto conduje.
- ¡Eres dramático, Harry! - negó ella riendo ante su carita de tristeza.
- Pero funciona que es lo importante - movió los hombros con desinterés - ¡Anda, mueve el cuerpo! - exigió señalando la salida con su cabeza. ¡Era como un niño!
- Está bien, déjame avisarle a mi relevo - se levantó y fue hasta la pequeña oficina tras recepción - Mónica, ya regreso, voy a tomarme un descanso - la chica asintió y luego Hannah salió - ¡Listo, podemos irnos!
- ¡Yupi! - celebró Harry haciendo que ella riera sutilmente.
- ¡Estás loco! - negó empujándolo paga salir de allí.
Rato después de estar en la cafetería, charlando y comentando algunas cosas, Harry recordó algo y enseguida la observó preguntando:
- Por cierto, ahora que hablamos, ¿cómo te fue con tu madre esta mañana? - inquirió con curiosidad. Sabía por experiencia propia lo difícil que llegaba a ser la madre de Hannah cuando salía o se quedaba fuera de casa para ir con la familia de él o a alguna fiesta, y no quería pensar qué le habría dicho cuando ella llegó a su casa esa mañana - ¿te dijo algo? ¿se quejó?
- Pues ahora que lo preguntas: no, la verdad es que no - negó ella sin creer aún que no hubiesen discutido por ello - En realidad, todo fue tan fácil que me parece increíble, simplemente fuera de lo normal. Ella solo, me dió los buenos días, me preguntó cómo pasé la noche y luego me dejó ir a dormir tranquilamente.
- ¿En serio? - preguntó él, tan extrañado como ella por aquella declaración, ante lo que ella asintió confirmando la información - ¡Eso es raro! ¿le tomaste la temperatura?
- Pues, no. No se la tomé, parecía estar muy bien - dijo comprendiendo su sorpresa - Puede que, no lo sé, ya esté adaptada a la idea de que crecí y que es normal que tu familia, como buenos amigos que somos, me invite a quedarme en tu casa.
- Sí, podría ser - asintió él, viendo que ella tomaba de su malteada y luego comía de su postre - Puedo notar que le atiné a lo que compré para tí.
- Definitivamente - aceptó ella mientras disfrutaba la dulzura y aquella combinación tan maravillosa que se provocaba con las galletas con chispas de chocolate y una buena malteada también de chocolate.
- Me alegra, honestamente no sabía qué traer cuando me dijeron que no había brownie - confesó.
- Pues esta combinación también está maravillosa - alabó mientras su paladar disfrutaba - Ahora, dime tu - pidió limpiando sus labios con una servilleta - ¿cómo te fué esta mañana? ¿qué tal la oficina?
- Bien, estoy a punto de cerrar un trato importante - suspiró recordando eso mientras pasaba las manos entre las hebras de su cabello, poniendo un gesto de verdadero cansancio - Si te soy sincero, está bastante complicado. El sujeto es difícil y para completar tiene ideas muy locas que no sé cómo voy a afrontar. Tenemos casi dos meses buscando negociar, y aunque ya aceptó y estoy feliz por ello, siento que va a ser difícil. - admitió por primera vez en el día - Claro, que esto último no lo sabe nadie más que tú, ahora que te lo confesé.
- Bueno, yo estoy segura de que ese negocio va a ser un éxito - dijo ella con una sonrisa tomando su mano entre las de ella, mucho más pequeñas que la de él - piensa en que ya tienes parte del camino cursado, solo debes esperar un poco más y de seguro todo sale igual de bien a como estás esperando.
- Eso espero - sonrió él - Gracias por tus palabras, son un verdadero respiro, te lo aseguro.
- Un placer, señor abogado - dijo con gracias guiñando un ojo mientras en sus labios se dibujaba una sonrisa. Esa complicidad entre ellos era simplemente única, maravillosa e inigualable, eran buenos amigos y excelentes cómplices. Todo un dúo dinámico.
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Días más tarde
Unos días después, el tan anhelado sábado llegó y junto con él, el día de la fiesta. Hannah, frente al espejo, se observaba fijamente y se probaba cualquier cosa que pudiera verse bien en ella, sin embargo, la mayoría la descartaba.
Esa mañana, Harry la había llamado recordándole que esa noche sería la fiesta y que, obviamente, debía ir con él. Desde que se habían conocido había comenzado a asistir a fiesta juntos, bailaban, reían, conocían gente, se divertían y aprovechaban el tiempo juntos para conocer mucho acerca del otro, tanto así que, habían algunas personas que les preguntaban si en realidad tenían una relación, a lo que a veces respondían que no y algunas otras veces dejaban que pensaran lo que quisieran. Total, eran sus vidas.
Cuando por fin encontró un vestido que se ajustaba a lo que quería, tomó su bolso de mano, metió algunas cosas y luego salió de su habitación. Ya Harry estaba a punto de llegar por ella, eso era seguro.
Al llegar a la sala, vió que su madre, nuevamente, había salido, no estaba. Llevaba una semana bastante extraña, casi no estaba en casa y cuando estaba parecía ausente, sin embargo, había decidido no preguntarle, seguro después le contaría. Así que cuando llegó el mensaje de Harry, avisando que estaba abajo, le dejó una nota sobre la mesa y salió del departamento dispuesta a divertirse junto a su amigo.