A lo largo de la silenciosa noche, Yadira yacía en la cama, su mente era un torbellino de pensamientos que la mantenía despierta. Los minutos se transformaban en horas mientras revisaba su teléfono de vez en cuando, buscando alguna noticia sobre el incidente de la noche anterior, anhelando ver algo más allá de los comentarios venenosos dirigidos hacia ella. Pero no había nada más, solo las palabras hirientes de desconocidos, juzgándola sin conocer la verdad. Ni una sola noticia sobre Guillermo o la persona que había disparado, nada que pudiera ayudar a inculpar a la traidora de su ex amiga en todo el alboroto, solo se hablaba de ella, la gran revelación que había resultado ser una asesina. El amanecer llegó, pálido y frío, sin ofrecer alivio a su agotada mente y corazón. Yadira no tocó e

