Vacío lo último del líquido amarillento en el vaso, miro la botella vacía y la arrojo a algún lugar de la habitación, bebo el whisky de golpe y me arrojo sobre el sencillo sofá individual. Deshago con dedos torpes el nudo de la corbata, la tiro sobre la mesita de té y me desabrocho los dos primeros botones de la camisa.
Recuesto la cabeza, cierro los ojos e intento inútilmente de tranquilizar los nervios que me asaltan, es ella, por fin la encontré y por fin volverá conmigo. Recorrí más de setecientos kilómetros para poder verla y hasta ahora lo único que obtuvo ha sido estar encerrado en un hotel de quinta en un minúsculo pueblo de Montana.
Fox asegura que logro encontrarla gracias a un archivo médico que fue digitalizado, ni siquiera puedo creer que en este maldito lugar no tengan un registro digital. ¿Cómo demonios vino a parar ella a aquí? ¿Qué tiene de especial este pueblo? Me incorporo al escuchar que llaman a la puerta, camino a grandes zancadas y abro encontrándome con el mismo inepto que me tiene varado aquí.
-¿Dónde está? -
-No creo que sea lo más conveniente acercarnos a ella en este momento-
-¿Y ahora porque? - me paso ambas manos por el rostro –No entiendo que seguimos haciendo en este lugar, confirmaste que es ella, dame la dirección e iré personalmente a buscarla para poder largarnos de aquí.-
-Estuve haciendo preguntas, fue difícil conseguir algún tipo de información dado que no somos de este lugar, pero al parecer la chica tenía dos empleos, por las mañanas se encargaba del aseo en una pequeña escuela y por las tardes limpiaba y servía mesas en un bar a las afueras del pueblo- un bar, un maldito bar donde está rodeada de idiotas ebrios.
-¿Qué hay del expediente médico? - frunzo el ceño -¿Por qué fue ingresada? - la sola idea de que pudo haberle pasado algo me aterraba.
-No he podido confirmarlo, se niegan a darme algún tipo de información, así que tendrá que esperar hasta que sepa la razón por la cual fue ingresada- me colocó frente a él y me contengo de tomarlo de la camisa –Tengo su dirección, es un pequeño departamento de tres plantas en la avenida principal-
-Entonces que seguimos haciendo aquí- le gruño en el rostro –Maldita sea llévame con ella-
-Le repito, no creo que sea seguro por ahora, los lugareños nos están prestando demasiada atención, podrían advertirle que estamos aquí y ella podría intentar huir de nuevo- me quedo estático y un escalofrió me recorre la columna, no lo había pensado y ahora que la he encontrado no pienso perderla.
-Hasta medio día- me miro alzando una ceja –Es todo el tiempo que tienes hasta que yo mismo valla a buscarla- asintió a regañadientes y se dio media vuelta saliendo de la habitación.
Suelto un gruñido y cierro la puerta antes de dar media vuelta y volver al desgastado sofá, me arrojo sobre este y considero la idea de pedir algo de comida a recepción, pero de pronto siento un enorme nudo en el estómago que me impide sentir hambre.
Me siento demasiado ansioso como para poder comer y saber que ella se encuentra a solo una calle de aquí lo complica todo, me incorporo y tomo el móvil para poder ver la hora, pasa de medio día, sigue siendo temprano y considero la idea de salir a caminar un poco, recorrer el lugar y rogar para poder verla, aunque sea a distancia.
Soltando un bufido me pongo de pie y voy directo a la ducha, necesito distraerme en algo, ocupar un poco la mente antes de que mande todo al demonio y corra a buscarla. Me adentro a la pequeña habitación, la repaso con la mirada y hago una mueca de disgusto, ¿se supone que este es el mejor hotel de la zona?
Sabiendo que esto es una estupidez y que probablemente me arrepienta doy media vuelta, camino hasta la mesa de te y tomo mi móvil, la cartera y las llaves de la desagradable habitación, busco una chaqueta entre mi ropa y salgo del cuarto de hotel.
Camino por el pasillo hasta las escaleras y bajo una planta antes de llegar a la recepción, salgo del edificio a paso rápido, camino unos cinco minutos antes de llegar a la avenida principal y me detengo ante un colorido edificio amarillo de tres pisos. Observo los diferentes locales y tiendas a mi alrededor y suelto un suspiro al notar que es el único edificio de tres plantas. Tomo aire y camino al interior, me acerco hasta una ventanilla y observo un momento al tipo detrás de esta.
-No hay apartamentos disponibles-
-No busco un apartamento- me inclino un poco hacia el frente –Busco a una chica, Alexis Pent... Tramell- me corrijo rápidamente –Vive en este edificio, mide alrededor de un metro sesenta, cabello castaño, ojos azules...-
-Mire amigo, aquí no vive nadie con esa descripción- maldita sea. Llevo mi mano hasta el bolsillo trasero de mi pantalón y saco mi cartera, tomo algunos billetes y se los muestro.
-¿Qué tal ahora?- me mira dudoso y después de algunos segundos interminables los toma.
- Tercer piso, número once.-
-Gracias- me alejo de la ventanilla y me acerco hasta las escaleras-
-Escuche- Fastidiado me giro para mirarlo – ¿La chica está en problemas?- sonrió sin poder evitarlo.
-No- asiente dudoso y retomo mi camino. Comienzo a subir una tras otra escalera hasta llegar al tercer piso, camino hasta el final del pasillo y me detengo ante una desgastada puerta blanca con el número once pintado en color n***o. Tranquilizo mi respiración antes de elevar la mano hecha puño y llamar a la puerta, espero paciente a que atienda la puerta pero nada, tal vez esté trabajando, sintiéndome repentinamente exhausto llamo una última vez antes de irme y me sorprendo al escuchar pasos acercándose. Me preparo mentalmente para esto, por fin voy a verla después de tanto tiempo.
Contengo el aire y me seco las palmas de las manos sobre la camisa, parece una eternidad hasta que escucho el seguro de la puerta ser retirado y respiro nuevamente cuando el pomo comienza a girarse, me obligo a poner mi mejor cara de póker y espero hasta que la puerta es totalmente abierta.
-¿Disculpe creo que me equivoque de apartamento?- logro susurrar al observo al sujeto frente a mí y siento que las rodillas me fallan. Giro sobre mis talones y alcanzo a dar un par de pasos cuando de repente siento que los pies se me pegan al suelo.
-¿Es Hana?- esa voz, siempre recordare esa suave y delicada voz.
-No cariño, un chico que se equivocó de apartamento.- ¿Cariño, porque demonios la llama así? Vuelvo sobre mis pasos y me coloco frente al sujeto que me abrió la puerta. -¿Necesitas algo?- lo ignoro y me adentro a trompicones al apartamento –Escucha lárgate o llamare a la policía- lo fulmino con la mirada y recorro la habitación con la vista hasta que mis ojos se posan sobre otros ojos azules con destellos verdes.
-Cielo...-