ABRIL
Adam rechaza mi oferta de ayuda para apagar las bengalas. El la rechaza con firmeza pero con delicadeza, guiándome a la cabina de su camioneta mientras sigo explicando como puedo ayudar, extiendo una toalla vieja pero limpia en el asiento y luego ofreciéndome una mano mientras subo a la cabina. Admito que no me importa estar seca y segura. También admito que no odio la continuación de Adam Benson Playera mojada extravaganza, aunque me siento culpable de que esta completamente solo bajo la lluvia mientras podría estar ayudando.
Agarró otra toalla seca de la parte trasera de la cabina, donde hay muchas, y miro a Adam rodear mi auto con las bengalas al costado del camino. Lo hace todo como parece hacer todo: metódicamente, a propósito, como si todo esto fuera parte de algún plan. Lo hace así a pesar de la lluvia torrencial, a pesar de los relámpagos y truenos que aún nos rodean. Todavía salto cada vez que el cielo se ilumina y el estruendo suena como si fuera a partir la tierra por la mitad, pero Adam esta completamente imperturbable.
Hay cosas peor que ver, tiene puestos los guantes y las botas, que no son exactamente de lo que estan hechas las fantasías más locas, pero ¿el resto? Si. Hola, camiseta mojada y músculos grandes y hombros anchos. Mi yo más joven, irremediablemente-secretamente-enamorada-de-Adam Benson se siente muy reivindicada en este momento. Ella obtiene aún más vindicación cuando el camina hacia el borde del bosque, se mete dentro y luego sale sosteniendo una enorme y larga rama de árbol.
Su cuerpo se tensa. Sus músculos se anudan. Uso una toalla para limpiar el vapor del interior del parabrisas. Extiende la rama y empuja la puerta del pasajero de mi auto para cerrarla, luego la vuelve a dejar caer al suelo.
No se cuando, exactamente, empecé a enamorarme de Adam Benson. Siempre andaba con Henry, así que es difícil precisarlo. Solo se que un día a otro, mi actitud hacia Adam fue de “el es genial” y en algún momento después fue. "Quiero que Adam me bese"
Estaba lejos de estar sola en mi enamoramiento de un Benson. Si eras una dama de cierta edad en Ojai, era casi un rito de iniciación, casi una ley enamorarse de un hermano Benson. Hay cinco de ellos, e incluso cuando eran adolescentes, Señor en el cielo, eran guapos. Las niñas de mi edad se dividieron entre Mark, el segundo mayor y Darren, el medio de los cinco. Mark era competitivo, inteligente y un completo sabio, pero sobre todo agradable. Darren, quién se graduó de la secundaria en el mismo grupo que yo, era un alborotador, siemrpe estaba en problemas, en la estación del sheriff con cierta regularidad. Ahora tiene una hija y una prometida. Aparentemente, ha enderezado su actuar, porque la última vez que lo vi, me dió la peste por decir “maldición” delante de su hija.
Ben y Charles eran unos años más jovenes, pero “las hermanas pequeñas de todos” estaban enamoradas en uno de ellos. Ben era el segundo más joven, bueno en el beisbol y tan encantador que debería haber tenido una señal de advertencia. Charles era tres años más joven que yo y, a pesar de su ambiente rudo y de espíritu libre, ya estaba tomando clases de matemáticas de nivel universitario y las chicas de último año hacían filas para recibir ayuda con la tarea. Adam es el mayor. De la misma edad que Henry, tres años por delante de mi, era un estudiante de último año cuando yo era estudiante de primer año.
El era extraño porque nadie más que yo estaba enamorada de Adam. Hasta el día de hoy, no entiendo porque. En un lote de cinco hermanos anormalmente guapos, es el más sexy en mi opinión que claramente no ha cambiado. Adam es amable con las hermanas pequeñas. Rescató pajaritos que se caían de los nidos. Cortó leña para las abuelas, un momento que puede no haber contribuido en mi primera y en retrospectiva muy mansa fantasía s****l. Pero de nuevo...Adam era raro.
En una escuela que se vaciaba el primer día de la temporada de caza de vendados todos los años, el era vegetariano. Llevaba un libro a todas partes a donde iba, y no era raro verlo leyendo un libro de bolsillo mientra caminaba por los pasillos de una clase a otra. Hubo seis meses completos en los que uso una chaqueta de pana sobre una camiseta para ir a la escuela todos los días, y ni un solo día supe por qué.
No tengo idea de lo que él y mi hermano Henry la estrella del football, estudiante mediocre, del tipo detestable hombre grande en el campus, vieron el uno en el otro, pero han sido más duros que ladrones desde que eran niños, y la edad adulta no ha cambiado eso. Fuera de la camioneta, Adam examina su trabajo, de pie, perfectamente inmóvil bajo la lluvia torrencial, con la camisa pegada a el como una segunda piel. Estoy tentada a tomar una foto, pero se que sería directamente espeluznante, así que lo guardo en la memoria.
Luego asiente para si mismo y camina hacia la parte trasera de la camioneta, se quita los guantes y las botas, las deja caer en la cama y abre la puerta del lado del conductor. El agua simplemente gotea de el: su nariz, su barba, sus cejas, incluso su cabello, anudado detrás de su cabeza. Tengo diez mil pensamientos sucios.
—¡Espera!—digo, y me zambullo entre los asientos. Adam no dice nada, solo espera, todavía bajo la lluvia. Agarro dos toallas más y las extiendo sobre el asiento del conductor. Destellos de relampagos, a un par de millas de distancia ahora.
—Allí— le digo, y el me da una mirada divertida mientras sube a la cabina y finalmente cierra la puerta detras de él. Le entrego otra toalla.
—Gracias— dice, y la frota sobre su cabeza.
—Escuché una noticia sobre un tipo que era un demonio total del ejército y sudo muchisimo en el asiento del conductor de su auto— digo, disculpándome. —Y empezo a tener todos estos problemas respiratorios, y su médico tardo todo un año en darse cuenta de que era por el moho que creía en su asiento de su automóvil húmedo y sudoroso—
—¿El no notó el olor?— pregunta Adam, tirando de una banda de su cuello anudado, dejandolo caer húmedo sobre sus hombros.
—Supongo que no— digo, tratando de recordar los detalles de la historia. —Creo que fue en Rusia—
—¿Los rusos no pueden oler?—
—¿Muy frío?— yo digo. Ya siento que estoy sobre mi cabeza aquí, el familiar zumbido nervioso comienza justo detrás de mi esternón. Ya sabes, la forma en que solía sentirme cada vez que Adam me hablaba. Cuando era una adolescente enamorada, no una mujer adulta con... no enamorada.
—Uno pensaría que eso inhibiría el crecimiento de moho— dice, frotando la toalla en su cabeza una última vez, luego arrojandola en la parte trasera de la cabina.
—Era moho ruso— digo. —Supongo que prospera con el frío, el vodka y el estoicismo— Adam pone las llaves en el encendido mirando hacia adelante, pero juro que veo el atisbo de una sonrisa en su rostro.
—Tengo dos opciones para ti—dice, con la mano en la palanca de cambios, todavía mirando a través del parabrisas.—Puedo llevarte a través de Breakwater road y regresar por el lado oeste de la cordillera hasta la ciudad, o puedo llevarte a mi casa, que es mucho mas rápido— Adam Benson se ofreció a llevarme a casa con él. De la manera más platónica posible, por supuesto, pero aún así.
—Me gusta la opción seca— digo, apuntándome con el conducto del calentador.
—Yo también— dice, y pone su camioneta en reversa, girandose para mirar por encima del hombro. —Y el perro estará encantado—
Diez minutos después, nos desviamos de la Applachian Parkway de dos carriles hacia un carril de grava, la camioneta salta sobre el borde de la acera.
—Henry me hizo salir a correr— le explico.
—¿Te hizo?— Adam hace eco.
—Bueno, el me convencio— admito que la grava retumba debajo, el profundo bosque se cierra a nuestro alrededor. —Y ya sabes, me imagino que hacer más actividades al aire libre es una especie de situación de "Cuándo estas en Roma" entonces, ¿por qué no? La naturaleza es agradable—
No menciono la reinvención. No menciono los últimos meses de mierda que he tenido. No menciono los libros de autoayuda que he leído, ni los mantras que repetiré durante unos días antes de decidir inevitablemente que es estúpido, o la repentina sobreacogedora comprensión que tuve una noche de que “para qué las cosas cambiaran, tenia que cambiar”. Hace tres meses, tuve un día muy malo. Me despidieron de mi trabajo en LA junto con unas treinta personas más. Le envié un mensaje de texto a mi novio, llorando. No respondió el mensaje de texto.
Cuando llegué a casa al apartamento que compartíamos, me dejo. Dijo que había estado pensando durante un tiempo. Dijo que solía ser divertida y genial y que ahora trabajaba demasiado y solo e hablar de cosas aburridas, como política y calentamiento global. Y dijo que "simplemente ya no estaba en eso" después de más de un año juntos. Hubo gritos, de mi parte, y hubo lágrimas, tambien de mi parte, y después de unas horas, se fue a quedarse a la casa de sus padres.
Esa noche, sentada miserablemente en el piso de la sala de estar porque me negaba a sentarme en ninguno de los muebles que habíamos compartido, tuve una Epifania. Brad apestaba. Lo mismo hizo la mayor parte de mis anteriores novios, casi todos ellos, excpeto tal vez Pete, con quién simplemente no era compartible. Estaba Tag, que solo quería pasar el rato y jugar videojuegos, y que me siguió después de siete meses de noviazgo. Estaba Colin, que interrumpía casi todas las frases que yo decia en voz alta y pasamos todo nuestro tiempo juntos durante al menos tres semanas tratando de convencerme de que me vistiera como porrista para Halloween.
Estaba Noel, con quién una vez tuve una pelea a gritos, sobre si las mujerse deberían des estar legalmente obligadas a cambiar sus apellidos cuando se casaban, y quién me engaño y luego actuó como si estuviera loca cuando me enojé por eso. Finalmente estaba Brad, que actuaba como si mi carrera fuera un hobby que se deprimía durante el día completo si hablaba con otro hombre delante de él, y que rompió conmigo el mismo día que me despidieron y luego, un mes después, levanto una grabadora frente a mi ventana en la casa de mis padres y me pidio que me casara con él. Como era de esperar, se nego a aceptar un “no” por respuesta.
Me vi obligada a llamar a Henry, cuyo "no" es más enfático que el mío. Brad no era un caso atípico. Brad era parte de un patrón de mierda, y yo tenía muy, muy mal gusto para los hombres. Ingresé a la reinvención, a probar cosas nuevas, a estar abierta a nuevas experiencias y, en general a ser diferente de la chica que fue abandonada y despedida y que se enamoró de los hombres que "no creían" en las fechas de vencimiento de leche. Para hacer la historia más corta, ahora me encanta el aire libre.
—No sabía que a Henry le gustaba correr senderos— admite Adam. —La última vez que hablo sobre su régimen de ejercicios, creo que fue Cross Fit—
—Oh, Dios, el Cross Fit— digo, riéndome. —Una vez juró de arriba a abajo que podía dejarme en la banca y luego se enojó cuando no lo dejé intentarlo—
—No puedo imaginar por que no— dice Adam.