Tomó su almohada y la manta que Nick había pateado a un lado y las llevó al sofá, donde dormiría a una distancia segura durante el resto de la noche.
—¿Qué pasa, Nick?—, dijo Jack, dejando caer la mano sobre la mesa con la fuerza justa para que tintinearan los cubiertos. —Yo pago estas lindas vacaciones y tú estás ahí sentado en tu mesa, enfurruñado o algo así. ¿Qué? ¿Este lugar no es lo suficientemente bueno para ti?.
—¿Eh?— Nick se sobresaltó como si le hubiera salpicado la cara. Su mirada saltó de su padre a su madrastra y luego volvió a su regazo. —Oh, no, sí, todo genial, papá. Sí, me encanta la playa... es que...
La mirada de Nick se detuvo en el pequeño espacio entre Jack y Maggie y luego se posó en Maggie. Por un instante, Maggie sintió un nudo en el estómago. El miedo que sentía en la garganta le quitó el aire de los pulmones al saber que él estaba a punto de decirle a su padre, su esposo, que se había acostado con la esposa de Jack. Lo vio incluso antes de que ocurriera. La rabia hirviente en el rostro de Jack. Sus bíceps flexionándose al volcar la mesa y la inmensa destrucción y violencia que se desataría. El miedo gélido la paralizó por el segundo que Nick dejó pasar hasta que finalmente habló.
—No me siento muy bien. No quería gafarlo diciendo algo antes—, dijo Nick encogiéndose de hombros. Era un mentiroso terrible.
—Hm. Te comiste todo el desayuno. No te debes sentir tan mal —dijo Jack levantando una ceja.
—Sí, no. Pensé que comer un poco me calmaría el estómago. No está tan mal, quizá fue solo el sándwich que me comí anoche en el camino.
Jack asintió con expresión insatisfecha. Como si supiera que había algo más en la historia, pero Nick había vendido suficiente mentira como para evitar más preguntas. Era cierto que un plato de filete con huevos para Nick era considerado poco. Tanto Jack como Nick no eran raros en pedir dos o tres comidas al salir a un restaurante. Sus horas de levantamiento de pesas requerían una constante acumulación de calorías en su dieta. Así que, al comer solo un plato, Nick podía creer que pudiera estar enfermo.
—De hecho, estoy pensando en volver y echarme una siesta. —Nick se disculpó y se levantó de la mesa, moviéndose con cuidado para no golpearse los pectorales ni los abdominales.
—Dormir en un hotel no es una buena idea para unas vacaciones— dijo Jack con un dejo de irritación en su voz.
—Bueno, es tu culpa, papá. Nos conseguiste un hotel demasiado bueno. No quiero irme. —Nick le dio una palmadita a Jack en el hombro y lo sacudió un poco—. Seguro que esta noche me sentiré mejor.
—Si crees que es lo mejor, deberías descansar—, dijo Maggie. Nick asintió con la cabeza, sin mirarla, y se levantó de la mesa.
—Algo le pasa a ese chico—, dijo Jack, bebiendo un sorbo de agua. Su vaso parecía diminuto en sus enormes manos.
Maggie rodeó los hombros de su marido y le rascó la espalda. —Seguro que son alergias o algo así—. Pero en su interior, Maggie sabía que tenía que hacer algo. No podía permitir que Nick siguiera actuando así. Era demasiado arriesgado para ambos. No podían ser descubiertos por Jack.
.
.
.
Nick realmente tenía un ligero dolor de estómago, pero no era por nada de lo que había comido. No, era por lo que había hecho. Nick regresó a su habitación de hotel, sin siquiera notar que algunas universitarias en bikini que caminaban por la playa le sonreían. Admiraban su altura, corpulencia y mentón marcado, como la mayoría de las mujeres. Nick sabía que podía ser como los demás chicos de la escuela y atropellar a las mujeres a toda velocidad.
Había una parte de él que sin duda lo disfrutaría, pero la que su madre biológica le inculcó se volvería loco de culpa, igual que ahora. Su madre biológica también era muy tierna y se aseguraba de que Nick siempre se preocupara más por quienes lo rodeaban que por sí mismo. Fue esa ternura la que lo hizo tan susceptible a Maggie anoche. Estaba tan disgustada y necesitaba tanto; Nick podía negársela. No es que fuera culpa suya. Era culpa de Nick. Tenía que asumir la responsabilidad. Tenía que decírselo a su padre, pero ¿cómo?
¿Decírselo no le causaría tanto dolor? Decírselo arruinaría estas vacaciones que tanto tiempo había planeado. O quizás solo me da miedo admitir mi error. Estas vacaciones se arruinarán de todas formas . Nick hizo pucheros al entrar en su habitación de hotel.
El aire acondicionado era increíble. Como si le hubieran quitado una manta caliente y húmeda. Recostado en el sofá, miró la tienda de campaña que le tensaba el traje de baño. ¿ Cómo se supone que voy a disfrutar de mis vacaciones si solo pensar en Maggie me pone tan cachondo?
Nick nunca había pensado en Maggie de forma sexual... bueno, quizá durante los primeros meses que ella estuvo en casa, siendo adolescente, se sorprendió mirando sus pechos moviéndose bajo su camisa. Pero lo detuvo, y no fue hasta que ella presionó sus gruesas nalgas contra su erección anoche que lo hizo.
Nick se levantó y se acercó a la cama donde ella había dormido. La habitación estaba limpia y la cama hecha. Debían de haber cambiado las sábanas también, porque el dulce aroma afrutado de su acondicionador también había desaparecido de la almohada. Tenía que pensar en qué decirle a su padre, pero primero tenía que librarse de la erección que tenía. Maggie plagaba sus pensamientos como un virus.
Un virus sexy, voluptuoso y húmedo...
Antes de darse cuenta, Nick fue a la habitación de al lado y usó una llave de repuesto de la habitación de sus padres para entrar y robarle unas bragas. Al abrir su maleta azul metalizado, no se dio cuenta de la cantidad de opciones que tenía. Terminó eligiendo la tanga roja de encaje que desprendía su aroma único.
De vuelta en su habitación de hotel, sostenía su m*****o flexible en una mano y sus bragas en la otra mientras se acariciaba. Necesitaba correrse, entonces podría pensar con suficiente claridad para comprenderlo. Se lo imaginó apartando la tanga a un lado mientras la penetraba. No podía creer lo hinchado que estaba; pensaba que nadie le había hecho esto antes. Estaba tan cerca.
El golpe en la puerta le hizo abrir los ojos, y fue entonces cuando se dio cuenta de que era uno de esos golpes que uno da después de haber abierto la puerta y estar dentro de la habitación. La expresión de asombro en el rostro de Maggie no era nada comparada con la de Nick. Quería decir... algo. Pero solo salió un sonido extraño mientras intentaba cubrirse, pero no pudo porque sus pantalones cortos estaban al otro lado de la habitación, sobre la cama. Un pequeño cojín firme del sofá a su lado era su mejor opción, y apenas era suficiente para cubrirlo.
—Dios mío —dijo Maggie mientras la puerta se cerraba tras ella—. Lo siento, yo... —Su intento desganado de taparse los ojos se desvaneció por completo cuando su mirada se fijó en su mano—. ¿Esa es mi ropa interior?
Mierda .
Nick los arrojó al suelo como reacción, pensando que quitárselos de la mano y alejarlos quedaría mejor. —Mmm... sí...—, confesó Nick. ¿Qué sentido tenía mentir a estas alturas?, pensó.
Maggie le dedicó a Nick una leve sonrisa compasiva mientras se ponía las manos en las caderas. Una de esas miradas de «buen intento, qué niño tan adorable», que todo niño odia que sus padres le den. Maggie se puso las manos en las caderas y se acercó a la ropa interior. Apretando la almohada sobre su m*****o aún flexible que se negaba a disiparse, Nick notó que Maggie se había cambiado de ropa. Llevaba una camiseta blanca escotada que dejaba al descubierto sus pechos pálidos y enrojecidos. También notó, cuando se agachó frente a él para recoger las bragas, que ahora llevaba unos shorts vaqueros que apenas cubrían sus abultadas nalgas.
—Creo que se te cayó esto—, dijo Maggie, oliéndolo. —¿Los olías?—, preguntó con su sonrisa tierna y curiosa.