Capítulo 4

1337 Words
Maggie —No puedo creer lo cálida que está el agua— dijo Maggie. —Bueno, así es Florida, cariño. Con tanto sol y calor todo el tiempo, el agua está templada—, dijo su esposo, Jack. Jack llevaba gafas de sol y una lata de cerveza en la mano mientras se metía en el agua. Maggie había comprado un traje de baño n***o de una pieza esa mañana antes de ir a la playa. Se lo puso en lugar del estilizado bikini que había traído. Se aventuró en las aguas más profundas, que le llegaban hasta los pechos. Sus pezones aún estaban irritados y sensibles por el contacto con su hijastro la noche anterior. Jack permaneció en aguas poco profundas. Casi nunca se metía más abajo de la cintura, salvo para darse un chapuzón rápido. Siempre quería que se le vieran sus definidos tríceps, dorsales y pectorales al caminar por el agua. Era vanidoso, Maggie lo sabía, pero lo aceptaba. ¿De qué servía tener un cuerpo bonito y cuidado si no te sentías orgulloso de él? —¿Qué le pasa a Nick? Se ha portado raro toda la mañana— dijo Jack, protegiéndose los ojos, ya cubiertos por las gafas de sol, mientras miraba hacia la playa. Nick se negó a meterse al agua con ellos y se quedó bronceándose en la playa. —¿Hm? No me había dado cuenta—, dijo Maggie con voz suave. Fingió que unos niños chapoteando a su lado le llamaban la atención para que su cara no delatara nada. —¿No te ha dicho nada?—continuó Jack. —No, realmente no. —¿Hablaste con él anoche? —La voz de Jack sonó baja y oscura por un momento. Maggie miró a su marido y luego al agua. «No», dijo con una voz que igualaba la severidad de su marido. —Bien. —La luz volvió a iluminar el rostro de Jack y le dio un sorbo a su cerveza—. Deberíamos ir a desayunar, necesito subir calorías. Maggie suspiró. Se imaginó cenando con Jack y su hijastro, sobre todo después de lo incómodo que había estado Nick esa mañana. Estas van a ser unas largas vacaciones. El desayuno transcurrió tan bien como Nick se portaba. Estaba más callado de lo normal, lo cual decía algo, ya que ya era un niño callado. Maggie jugueteaba con su tortilla y no dejaba de hablarle a Jack sobre su plan de añadir cabinas de bronceado a todos sus gimnasios. Estaba convencido de que conseguir que los levantadores de pesas de sus gimnasios tuvieran el bronceado adecuado podría marcar la diferencia para llevarse el oro a casa. Jack le explicó detalladamente a Maggie la ciencia del bronceado mientras Nick terminaba su filete con huevos. Apenas podía mirar a su padre, Jack, sin que sus ojos se desviaran hacia Maggie y luego volvieran rápidamente a su comida. Maggie miró fijamente el centro de la mesa del desayuno en el restaurante e imaginó que si tuviera visión de rayos X, sus ojos verían directamente hasta la entrepierna de su hijastro. Podría ver su pene flácido colgando junto a sus muslos, bajo sus pantalones cortos. Los dedos de Maggie se frotaban suavemente la cara interna del muslo inconscientemente mientras recordaba cómo se sentía la noche anterior, presionado contra la raja del culo. Golpeándole el ano sin parar, él derramó su semen caliente sobre su ano y a lo largo de la raja del culo... Mientras la montaba, Maggie suplicaba en su interior que su hijastro le hundiera los dedos en las caderas y le metiera la polla. v****a, ano, boca... no le importaba, necesitaba que la llenara. La provocación involuntaria que Nick le había hecho la dejó hecha un mar de dolor después de que él se corriera y se apartara. Se quedó allí, sintiendo su semen deslizarse entre sus nalgas y gotear por su trasero. La chispa de electricidad era estática sobre su pecho y garganta. Necesitaba correrse. Necesitaba correrse con urgencia. Finalmente, cediendo a sus deseos más básicos, Maggie saltó de la cama y fue al baño antes de que él pudiera hablar. No podía dormir para recuperarse. Habría sido imposible ignorar el deseo que la quemaba por dentro. Siguió a su hijastro a pesar de las grotescas complicaciones que esto le acarreaba. Se bajó el pijama por los tobillos y se sentó en el inodoro de plástico frío y duro, Maggie se lamió los dedos por costumbre y los deslizó entre sus muslos. Resultó que lamerse los dedos era inútil, pues sus labios vaginales estaban empapados con los jugos de su última penetración y la imaginación del que estaba por venir. Completando movimientos constantes y oblongos de arriba a abajo sobre sus labios vaginales y clítoris, Maggie se tapó la boca con la mano libre mientras su respiración agitada y jadeante comenzaba a emitir gemidos agudos. Su mirada se fijó en la puerta blanca cerrada por un instante mientras sus dedos continuaban acariciando su coño. Al no llamar a la puerta, Maggie se frotó los labios para contener los gemidos que se avecinaban. Metió la mano bajo la camisa y se agarró el pecho gordo. Podía sentir las pequeñas marcas de sus pechos, marcados por las estrías, de cuando duplicaron su tamaño tras tener a su hijo décadas atrás. En cualquier otro momento habría odiado la sensación, pero ahora estaba absorta en la explosión que suplicaba liberarse desde lo más profundo de su sexo. Dos de sus dedos se engancharon en los labios de su v****a y se mordió la lengua mientras un gemido se escapaba de sus labios. Los dedos golpearon su v****a cada vez con más fuerza mientras su pecho y estómago se agitaban. En las ranuras bajo sus párpados entrecerrados, vio la puerta de nuevo e imaginó que se abría de golpe. Sin decir palabra, pudo ver el cuerpo grueso y musculoso de Nick ante ella, y su polla dura siendo introducida en su v****a. —Oh, Dios...— susurró Maggie para sí misma mientras hundía la boca en su hombro. Sus dedos penetraron su coño con fuerza y profundidad, como lo haría la polla de Nick. Maggie se pellizcó el pezón con fuerza y lo retorció como él lo haría. Se mordió el labio y sintió la violenta eyaculación recorrer sus muslos como si fuera antes de correrse sobre la polla de Nick. —¡Mmmm!—El gemido agudo se quedó en un zumbido mientras mordía la camisa que le cubría el hombro. Maggie puso los ojos en blanco bajo los párpados cuando la luz brillante se volvió negra y el orgasmo la invadió por completo. Sus fluidos se derramaron sobre sus dedos al correrse. No pudo contener su grito mientras el cuerpo de Maggie se tensaba y el clímax la contorsionaba. Lo único que le impidió despertar a toda la planta del hotel fue la respiración entrecortada y la casi hiperventilación por el inmenso placer. No fue hasta que abrió los ojos, con una neblina de cansancio sobre ellos, que se dio cuenta de que acababa de eyacular por primera vez sobre el suelo de baldosas y debajo de las toallas colgadas en la parte inferior de las paredes. Por suerte, se había quitado el pijama de una patada. Maggie permaneció en el inodoro un buen rato mientras esperaba que se disiparan los latidos posteriores de su potente orgasmo. Tras limpiar el desastre que había armado y secarse, Maggie respiró hondo y apagó la luz del baño antes de abrir la puerta con cuidado. Se sentía como una adolescente de nuevo, colándose en casa de sus padres después de besarse con ese chico del que le habían dicho que se mantuviera alejada. Pero no había necesidad de colarse. Nick estaba profundamente dormido y medio despatarrado en su cama. Maggie sabía que podía meterse en la cama y que Nick le haría espacio, pero la verdad era que no se fiaba de sí misma. Esto ya había ido demasiado lejos.
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