Era una sensación que solo había sentido una vez, era algo que tan solo sintió cuando supo de la muerte de Amélie, pero allí estaba de nuevo, se asemejaba a un día sin sol, a una casa vacía, a una vida sin risas o al silencio, ese absoluto cuando sabes que no volverá haber ningún sonido, cuando sabes que esa voz no será escuchada otra vez. O al final… Cuando debes admitir que todo ha terminado y no queda nada, ni penas ni glorias. Nada. No recordaba el camino de vuelta. No escuchaba el trote, ni sentía el peso de su propio cuerpo. Solo las palabras. Una tras otra. “Un error. Eso fuiste en su vida. Un error.” ¿Cómo era posible? ¿Cómo podía eso ser verdad? Quizás era un plan de Lucien para desestabilizarlo, para hacerle daño, poner su mundo de cabeza y vengarse por hacer de Amélie su ama

