Me levante como lo vengo haciendo desde hace dos días a las cuatro y media de la mañana, en este maravilloso campo, donde me encuentro agotado pero feliz. Debo confesar que mi vida en la ciudad es totalmente diferente a esto, en la ciudad mis días comenzaban a las seis y media de la mañana, iba al gimnasio del departamento y luego tomaba una ducha reparadora de al menos 20 minutos, salía de esta y desayunaba lo que había, para más tarde partir a la empresa y llegar a esta a las nueve de la mañana, era una vida vacía, donde constantemente debía de jugar al hombre de negocios encantador, que adora lo que hace, es un bastardo de los números y solo genera dinero y más dinero a la compañía; en cambio en este paraíso, me siento en casa, he recordado mucho mi infancia y el haber crecido bajo el alero de mi nana, quien cuidaba de mi y me enseño a amar el campo. Si bien las mañanas son difíciles aquí, porque levantarme realmente temprano y ducharme con el agua más fría que caliente no se parece en nada a mi ducha de la ciudad, de igual modo debo decir que me siento muy feliz, siento que este es el lugar en el que debo estar aquí y ahora.
Estos días han sido magia para mí, los paisajes a los que estoy expuesto en este maravilloso rancho hacen que cada día valga, también es impresionante como las manos tienen memoria, por ejemplo ayer junto a Julianna vacunamos y atendimos el parto de dos yeguas. En el primero me sentí muy nervioso pensé que me desmayaría, pero ver la seguridad que tiene Juliana al momento de trabajar, me dio la confianza y fortaleza necesaria para hacer mi parte y luego pude atender por mi mismo el segundo parto, claramente bajo la estrecha mirada de la jefa.
Observo a Julianna y cada vez la encuentro más hermosa, inteligente y capaz, ella no tiene idea que yo escogí este lugar solo para estar cerca de ella, si bien le dije algo durante mi entrevista, ella no me recuerda, no tiene idea de que yo fui su compañero durante la universidad y menos se entero que siempre estuve enamorado de ella. En ese entonces ella era totalmente diferente a lo que es hoy, su cuerpo y rostro han ido madurando con el tiempo y de ser una chiquilla ahora se ha convertido en toda una mujer... y que mujer.
Creo que pienso más de lo que debería en ella, pero entiéndanme, es una belleza de un metro setenta, cabellos dorados y ojos cafés, su rostro demuestra una dulzura que se esconde en profesionalismo cada vez que se dirige a sus trabajadores y eso me mata, tengo claro que soy guapo pero también sé que puedo resultarle indiferente a una mujer que está muy preparada en la vida, ella es del tipo de mujer que no necesita de un hombre si no que es la mujer que todo hombre necesita y créanme que me encantaría ser ese hombre. En fin, me dirijo a la cocina donde la señora Nena debe de estar preparando sus exquisiteces como todos los días y logro escuchar desde la lejanía su voz…
-¿abuela tú crees que el fulano sirva para esto?- dijo mientras me observaba por los ventanales de la cocina mientras yo caminaba hacia ellas, -realmente estos dos últimos días mi trabajo se ha alivianado bastante, el hombre es muy bueno trabajando, no se queja, habla poco y lo más importante no rezonga a pesar de los miles de quehaceres a los que lo envió.
En ese momento ella me observaba desde los ventanales que cree que no filtran lo que se habla en esa cocina, y yo no podía más que sonreírle a esa preciosidad, pero siempre cuidando el respetarla por, sobre todo, porque esa dama tiene carácter y ¡que carácter señores!
-mijita, - dijo la señora Nena- usted si sigue tratando así al fulano, en vez de espantarlo me lo va a matar, debes reconocer que le has enviado a hacer mas cosas de las que debería y aun así el joven sigue al pie del cañón-
En ese momento entre por la puerta de la cocina y con toda la felicidad del mundo les dije- Buenos días, Señora Nena y buenos días, Señorita Julianna, espero hayan podido descansar y tener un sueño reparador-
-Siéntate mijo, que te voy a servir el desayuno- me dijo esa encantadora mujer que ya quiero que sea mi abuelita también.
- ¿que tenemos para hoy jefa? – pregunte mientras me acomodaba en mi silla junto a el fuego que ya estaba encendido, definitivamente estas mujeres tienen todo mi respeto pues solas se las han pasado toda la vida realizando actividades que si hubiera un hombre aquí no serían tan bien hechas como lo son por ellas.
-hoy, debemos finalizar con la vacunación de las bestias del corral C, y revisar las caballerizas luego de eso debemos ir al campo abierto a revisar las cercas, estoy segura que los Rodríguez deben de haber cambiado mas de alguna, pero eso lo realizo con don juan Carlos.
-si quiere que los acompañe, por mi no hay problema, - me apresure a decirle- me encantaría conocer el campo abierto y de esa forma saber a donde van las bestias cuando no están en los corrales-
En ese momento ella me vio a los ojos y sorpresivamente me respondió de una manera cálida y amable, como lo realizo un par de veces en la universidad, cuando yo era un joven muy retraído y delgaducho que para ser franco no me parezco en nada a lo que fui años atrás, un chico sin autoestima, tímido y complaciente con el resto- me encantaría que nos acompañaras, así don Juan Carlos no tiene tanto trabajo – respondió Julianna y así como así, este día comenzó maravillosamente bien, la cordialidad esta aterrizando entre nosotros dos y de seguir así, mi cometido de enamorar a esta bella joven y vivir en un lugar hermoso libre de las ataduras de la ciudad resultara y finalmente después de nueve años podre ser feliz junto a mis decisiones.