Los hermanos: PARTE 4

1025 Words
Tema : EL PRIMER PUNTO DEL MAPA Después de leer la carta de su abuelo en la iglesia olvidada, los hermanos Stanley y Vivent regresaron a casa con la cabeza llena de preguntas. La nota, escrita con la caligrafía firme de quien ya sabía que su mensaje llegaría tarde, decía apenas unas pocas líneas: "Los cuatro puntos guardan la memoria de quienes nos protegieron. Empieza donde el mar besa la tierra – ahí encontrarás el primer legado. Cuida bien lo que descubras, porque el futuro de nuestra tierra depende de ello." Sin más tiempo que perder, decidieron empezar por el Malecón, ya que estaba cerca de su casa y el mapa indicaba que era el primer destino en su recorrido. La tarde avanzaba rápido, y el sol comenzaba a inclinarse hacia el horizonte caribeño, pintando el cielo de tonos dorados y violetas que se reflejaban en las olas que rompían suavemente contra el malecón. Esta extensa avenida costera siempre se llenaba de gente en ese horario: familias que venían a dar un paseo, niños que corrían jugando con sus pelotas, vendedores ambulantes que ofrecían helados de coco y bolas de trapo, y parejas que se abrazaban para ver el atardecer. Los hermanos se mezclaron con la multitud, caminando despacio mientras Vivent consultaba constantemente el dibujo que había hecho en su cuaderno, comparándolo con los puntos de referencia del lugar. "El mapa dice que está justo frente a la tercera intersección con la calle El Conde, cerca de uno de los faroles antiguos", dijo Vivent, buscando entre los postes de hierro forjado que bordean la avenida. La mayoría de los faroles habían sido reemplazados por modelos modernos, pero algunos pocos conservaban el diseño original del siglo XIX – con postes altos y estructuras decorativas que parecían sacadas de una película antigua. Después de caminar unos minutos más, Vivent se detuvo bruscamente, señalando con el dedo hacia uno de esos faroles que aún mantenía su aspecto original: "Aquí. Es este – mira cómo el dibujo coincide con los detalles del hierro forjado en la base". Stanley se acercó para verlo mejor; efectivamente, los curvos y enredos del metal en el farol eran exactamente los que aparecían en los bordes del mapa que había transcrito su hermana. Mientras la gente seguía pasando a su alrededor sin prestarles atención, Stanley se agachó como si estuviera atando los cordones de sus zapatos y comenzó a inspeccionar el suelo a los pies del farol. La losa de cemento que estaba justo debajo de la estructura parecía ligeramente desnivelada, con pequeños huecos entre ella y las demás que la rodeaban. Con cuidado, y usando los dedos para no hacer mucho ruido, intentó moverla – para su sorpresa, se deslizó con facilidad hacia un lado, como si hubiera sido diseñada para ello desde un principio. Debajo de la losa, a la luz tenue de la tarde y protegida por una fina capa de arena y salitre del mar, había una caja pequeña de metal oxidado pero bien sellada. Stanley la sacó con cuidado y la limpió con su pañuelo, notando que tenía el mismo símbolo de los collares grabado en su tapa. Vivent miró a su alrededor para asegurarse de que nadie los estuviera observando, luego ambos se retiraron a un pequeño banco que estaba un poco apartado, cerca de un árbol de almácigo que ofrecía sombra. Con mucho cuidado, Stanley abrió la caja – los bisagras crujieron con el paso del tiempo, pero la cerradura se dio cuenta sin problemas, como si esperara precisamente ese momento. Dentro había dos cosas: un libro pequeño de tapas duras con páginas amarillas por la edad, y una foto antigua en blanco y n***o, encuadernada en un marco de madera delgado. Los hermanos se miraron antes de tomar la foto – mostraba a dos hermanos jóvenes, vestidos con ropas que parecían de hace más de cien años: pantalones anchos, camisas de lino y sombreros de paja. Ambos tenían una mirada seria y determinada, y en sus cuellos llevaban collares idénticos a los que Stanley y Vivent habían encontrado. "Deben ser los ancestros de quienes habló la carta de abuelo", murmuró Vivent, pasando su dedo por el vidrio de la foto con reverencia. Luego abrieron el libro, cuyas páginas estaban unidas por hilos de cuero y llevaban escritas a mano las historias que contenían. El título en la primera hoja decía: "La Leyenda de los Hermanos de la Tierra – Protegidores de Santo Domingo". Mientras el sol se ponía completamente sobre el mar y las luces del Malecón empezaban a encenderse una por una, los hermanos leían en silencio. El libro contaba la historia de dos hermanos que habían vivido en la ciudad durante una época de sequía terrible, cuando el suelo se había vuelto árido, los ríos se habían secado y el hambre azotaba a la población. Según la narración, ellos habían descubierto un poder antiguo que venía de la tierra misma – un don transmitido de generación en generación entre hermanos, que les permitía comunicarse con las raíces de los árboles, las fuentes subterráneas y el corazón de la isla para traer de nuevo la lluvia y la fertilidad. Habían recorrido cuatro puntos sagrados en la ciudad, donde habían dejado parte de ese poder guardado, para que cuando la tierra lo necesitara de nuevo, otros hermanos pudieran encontrarlo y renovar la protección. Al final del libro, en una página que parecía haber sido escrita con más emoción que las demás, se leía: "Cuando los hermanos del presente encuentren los cuatro puntos, cuando comprendan el legado que les ha sido entregado, la protección del pueblo se renovará y la isla volverá a florecer como nunca antes." Mientras cerraban el libro y guardaban la foto en la caja de metal, los hermanos sintieron una ligera brisa que venía del mar, llevando consigo el aroma de la tierra húmeda como si hubiera llovido recientemente. Miraron hacia el horizonte, donde las luces de la ciudad se reflejaban en el agua, y sabían que su camino ahora estaba marcado: tenían que encontrar los otros dos puntos del mapa, y descubrir qué secretos guardaban el Mercado Modelo y el Parque Colón.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD