La mujer, casi como una autómata, extiende su mano y alcanza la polla del joven, comprobando la dureza de aquella. Pero no solo se limitó a ello, sino que lujuriosamente la recorre en todos sus extremos. Estaba como drogada con la vista de aquel pene. El joven viendo lo receptiva que estaba su cuñada, le dice: anda toca mis huevos. Veras que también son grandes. Nuria, tremendamente excitada, sin saber porque lo hizo, alcanza con su mano los testículos del joven, comprobando lo abultados que eran. Todo ello, mientras escucha a Berto decirle: ¿los tengo bien cargados, verdad cuñi¿?.... ¿No te gustaría que te regara el coñito con mi lechita? -que… exclamó Lucrecia, soltando el pene del joven. ¿Cómo te atreves? ¡acaso crees que soy una de tu putitas? Pero el joven lejos de amilanarse apro

