La joven marchó a ver al niño, y se quedó meditando sobre lo que le había comentado el padre de su marido. Pese a que podía ser una temeridad, sabiendo que además aquel hombre podía interpretar otra cosa, en el fondo reconocía que era la mejor solución. Tenía los pechos a reventar, y hasta la leche le brotaba sola. Lo volvió a intentar con la pezonera, pero tuvo que desistir ante el dolor que le producía en sus pezones, los cuales notaba sumamente hinchados. El dolor, y el miedo a que le pudiera entrar fiebre, le llevó a pensar en acceder a las pretensiones de su suegro. Por tal motivo, viendo que su suegro estaba viendo la tv, se acercó al mismo. El hombre al verla, le comentó: ¿Qué tal te encuentras? ¿Has podido bajar esa inflamación? -Hay suegro. Me siguen doliendo bastante. Vd cree q

