Eloísa, tras cepillarse la boca, y enjuagarse bien intentando expulsar los restos el semen ingerido, volvió a la cama observando que Genaro aún se encontraba en la habitación. Aquel se había subido la cremallera de su pantalón, pero ahora tenía él bebe en los brazos, ya que el mismo parecía haberse despertado y estaba llorando. Ella, aún se encontraba desnuda de cintura para arriba, y mostraba sus voluminosos pechos. Genaro le dijo: creo que necesita que le des de mamar de nuevo. Y, mirando los pechos desnudos de la mujer de su hijo, le dijo: pero quiero que me dejes un poco para mi después. La mujer, pese a reprocharle lo que hizo, terminó por sonreír ante la ocurrencia del suegro. Pero le dijo: -¿No crea que esto se lo voy a perdonar?. ¡Ha sido un sinvergüenza! El hombre la miro, y l

