Tomé su cintura, e introduje una mano por delante, acariciando su vientre casi plano, para ir descendiendo capciosamente, introduciendo mi mano por la maraña de vellos, hasta alcanzar la ranura de su v****a. Con mis dedos abrí un poco sus labios vaginales, y mi dedo índice comenzó a estimular su clítoris, haciéndola gemir de placer. Vanesa comenzó a respirar profundamente, aumentado su ritmo cardiaco de forma ostensible. Fue entonces, cuando vi que giró su cabeza, y me beso de nuevo, revolviéndose, agitada, al tiempo que, con carita de auténtica hembra en celo, me solicitó: Suegro, “métela”…”le necesito”…No me haga sufrir más… “cláveme”… No me esperaba aquella entrega de mi nuera. De hecho, para favorecer la penetración, ella misma se agachó arqueando su espalda, tomando mi pene para acer

