—Esto está mal, Erika... —protestó, pero no había ninguna convicción detrás de sus palabras cuando las dijo. "¡Qué lástima... porque lo vamos a hacer de todas formas... Papi!" Esa última palabra me hizo sonreír aún más. Me bajé del regazo de mi papá y me quité los pantalones cortos y la camiseta para revelar la lencería sexy que había debajo: una tanga negra que apenas cubría la mitad de mi coño y un sujetador ajustado que hacía que mis pechos tamaño 34D sobresalieran. Empujé a mi papá hacia atrás en su silla mientras me ponía a gatas entre sus piernas, debajo del escritorio, y lo miraba con la mirada más traviesa de mi vida. "¡Dios mío... Erika! No deberías estar haciendo esto... no deberías...". Pero su protesta fue interrumpida por un fuerte gemido cuando le bajé la cremallera del pa

