Mi hermanita brincó el respaldo para posicionarse a lado de mi rodilla y se puso a cuatro patas, mejor lugar no podría encontrar. Vi como ambas cruzaron sus miradas y la más joven le hacía señas para animarla a dar el siguiente paso. Ya sólo podía ver su cabellera cubriendo la vista de mi entrepierna y de pronto, el calor y humedad. Mi hermanita chilló de alegría y empezó a apretar mi pierna, estaba emocionadísima como nunca. Su lengua se movía a tientas, me recordó a la primera vez que lo hizo Raquel. Lo único que tenía dentro era apenas debajo de la punta y sus labios sellaron aquello para dar paso a una succión que me tomó por sorpresa. Una vez vio que su amiga cruzó aquella barrera, Tere se acercó y ocupó el lado opuesto de mi hermanita, mordiéndose el labio inferior y con esa mirada

