—¡Sí! ¡SÍ! ¡SÍ! —gemía la voz detrás de la cabellera. —Mami lo está disfrutando —escuché una voz con acento venezolano. —Así que te lo tenías guardado, ¿eh, mami? La carne alrededor de mi tranca se cerró y esa presión me detuvo en seco. Esa joven de piel clara se puso a gatear en nuestra dirección y la mujer que me tenía preso sólo se puso a jadear bruscamente. —Sandra no es ajena esto… del anal —Tere, esa mujer se llama Teresa—. Le encanta usar sus juguetitos allá atrás. —¡Ah, sí! —Raquel, esa chica es mi hermana menor. Y si le llamó “mami”, eso significaba que… Los jadeos se hicieron más intensos, pero sonaba a que la mujer que me tenía dentro estaba sonriendo. Su esfínter se relajó y ella misma se introdujo todo lo que pudo de mí, hasta que topó con mi vientre. Giró su cara y era

