—¿En serio? —preguntó emocionada, viéndonos a ambos. —Le dijiste que no acabara si tú no estás —aclaró mientras recogía los platos y tazas de la mesa—. Tere acató esa regla, así que yo también lo hago. —¡A-ay! Mami… —titubeó, genuinamente avergonzada—. Eso era para que... es que una vez él se… se masturbó y… y… cuando lo hicimos casi no le salió. —Es que también… no paran ustedes dos. Lo hacen todos los días, a todas horas —dijo mientras hacía el gesto de machetear su palma—. Es obvio que va a quedar sin nada así. —P-pero… entonces… —insistió mi hermana, todavía apenada— ¿Entonces, no lo hicieron ayer? —¡Pues no como debíamos, jovencita! —exclamó mamá desde el fregadero. Estaba jugando a estar molesta o indignada, pero dejó en claro que era en tono de broma. —Apenas duré nada —recon

