—¡Aiñ! Y yo que ya me estaba mentalizando a decirte “suegrita”. —¡Ni lo mande Dios! —respondió la aludida, al tiempo que se le escapaba un gemido. Cuando Tere finalizó la llamada, nosotros continuamos y terminé en el vientre de mamá, de donde mi hermanita lamió hasta dejarla limpia. Era apenas viernes, pero como había era día feriado, mamá y Raquel habían llegado temprano a casa y aprovechamos desde temprano. Era la primera vez que estábamos juntos los tres en el cuarto de mamá y Raquel no perdía la oportunidad de quejarse que ahora me salía menos por culpa de nuestra madre. Lo cierto es que después de aquella vez, no lo habíamos vuelto a hacer a solas, o bueno, sin que estuviera Raquel en la misma habitación. Sus ojos brillaban cuando veía mi tranca desaparecer entre las nalgas de mamá

