-Oh nenita. “Sigues siendo muy hermosa. Divina”. Uf ¡que pechos tienes princesa! - le dije con excitación, mientras los masajeaba con deleite entre mis manos. -¿De verdad le gustan como los tengo suegro? ¡Me han crecido un poco! - me contesto con agitación en el rostro. -¡Están perfectos!. Le conteste, al tiempo que, mirándola fijamente a la cara, le replique: Vanesa. Sigues estando tan bonita como entonces. Note el enrojecimiento de la joven, evidenciando que le agradó mis comentarios. Tras unos minutos lamiendo, mamando y succionado aquellos deliciosos pechos, mi mano se deslizo hasta su entrepierna, remangando su corta falda hasta la cintura, para poder introducir mi mano por encima de su tanga, hasta alcanzar sus labios vaginales. Como esperaba, la joven estaba sumamente lubricada.

