Mientras terminaba de secarse con un pañuelo, que sacó de su propio bolsillo, observó como su padre aún seguía penetrando a su mujer. Estaba alucinado ante el potencial de su ancestro. Los alaridos de placer de Bibiana, poco tiempo después, le confirmaron que su padre estaba teniendo una eyaculación copiosa. Seguro que regaría bien el coño de su mujer. No daba crédito a lo que veía. No tanto por la actitud placentera de su esposa, sino ante la contemplación del poderío de su padre. Se iba a marchar, cuando observó como su ancestro salió del coño de su mujer, extrayendo su enorme pene aún goteando en la punta, pudiendo comprobar la v****a de Bibiana, que había quedado extremadamente dilatada, muy abierta, verificando que manaba una hilera de líquido blanquecino que descendía por el trasero

