El hombre de la casa 9-1

764 Words

Su boca estaba en mi oreja, pero sus gritos pasaron por un susurro por el volumen de la música. Así que Julia no nos escuchó mientras se nos unía y pronto, nuestra madre también. Era evidente que a las tres les encantaba bailar y que, por cosas de la vida, o apenas lo notaba o apenas tuvieron oportunidad de hacerlo. Si mi hermanita ya atraía las miradas de otros sujetos, Julia y mi madre hicieron que esas miradas no sólo se posaran en esas despampanantes mujeres, sino en el imbécil con la gracia de un elefante que las acompañaba. El pop y el tecno dieron paso a la salsa y si bien fue más vergonzoso ser visto mientras cada una me enseñaba a hacerlas girar sin estamparnos en el intento, nos la pasamos muy bien los cuatro. No sabíamos ni qué hora era hasta que pusieron reggaetón y esa fue la

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