A partir de entonces, la dinámica en la familia mejoró bastante. Literalmente, de la noche a la mañana, las miradas recelosas desaparecieron y se transformaron en sonrisas tímidas cada que Raquel me plantaba un beso mientras estábamos en la mesa o en la sala. La adrenalina de las primeras veces que sucedía frente a ambas fue diluyéndose conforme avanzaba la semana. Todos los días, mi hermana llegaba de clases, tomaba un baño y lo hacíamos en su cama, en la mía, a veces mientras nos bañábamos y después de perderle el miedo al incidente con Julia, también usamos la sala. Mamá era la siguiente en llegar y aunque llegó a sorprendernos en medio de la faena en nuestros cuartos y sólo seguía su camino a su cuarto o a la sala para dejarnos en paz, procuramos en medida de lo posible que eso no ocur

